domingo, 10 de noviembre de 2024

 

Entrevista a Manuel Saco

Revista el Triangle      eltriangle.eu/es/2023/12/10/la-fe-vive-de-las-migajas-que-deja-la-razon/

 

«La fe vive de las migajas que deja la razón»



Periodista. Fundador de Cambio 16 y de la revista Ciudadano, de defensa del consumidor. Jefe de Cultura y Sociedad en los servicios informativos de TVE, fue subdirector de La Gaceta de los Negocios y del diario El Sol. Colaborador de PúblicoDiario.es y otros medios. Ahora, con el título provisional de No hay Dios (probablemente), publicará su primer libro con la revista Mongolia.

 

¿No hay Dios? ¿Sí, no, probablemente…?

Eso de «probablemente» es un añadido al título original, que era No hay Dios. Lo que pasa es que decir «no hay Dios» parece un poco presuntuoso por parte de quien lo afirma. Porque, claro está, el problema de negar que existe lo que no existe es completamente imposible. Probar que no hay vacas que no tienen alas es completamente imposible, porque no se puede negar lo que es inexistente. Así que, como el nombre sonaba un poco arrogante, doy un paso más, de alguna manera, al ponerle, entre paréntesis, «probablemente». A todos les gusta que los demás dudemos un poco. Aunque no se tenga ninguna duda, como diría alguien.

 

¿Cuántas veces y de manera tan diversa se ha dicho que Dios no existe, a lo largo de la historia?

Todos los que, a lo largo de la historia, han dicho que Dios no existe lo han pagado muy caro. Porque las religiones siempre han sido aliadas del poder material. Son el soporte, el sustrato, el adhesivo de dictaduras, reinos, imperios… Así que decir que Dios no existe es bastante peligroso. A Galileo lo encerraron en su casa por decir que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol, y no al revés. Al final, dicen que afirmó aquello de «Eppur si muove». Y lo dijo, claro, sotto voce, en la intimidad, para no recibir un golpe de lanza en la cabeza.

 

¿Todas las religiones, todos los dioses, están cortados por el mismo patrón?

Todas las religiones venden una mercancía, una mentira. En algunos casos, terrible. Religiones como el islamismo, el cristianismo, el judaísmo hacen que, si no crees o no crees en sus dioses, te asesinen, te torturen, etc. Ese es el problema de las religiones. Si no fuera así, si las religiones no intentaran estar en todos los actos de mi vida, detrás de la judicatura, de las leyes…, de todos los sistemas represivos que han existido en la historia de la humanidad, a mí me importaría un bledo la religión. No estaría escribiendo sobre ella, como no he escrito sobre las cartas del tarot, ni sobre el Ratón Pérez. Porque no hay ningún capellán del tarot o del Ratón Pérez que me haya amenazado de matarme.

 

En cualquier caso, en el origen, las religiones parecían ser algo mejor de lo que han acabado siendo. ¿Dónde está el huevo de la serpiente, en las creencias, en las iglesias, en ambos lugares?

El problema son precisamente las iglesias. Son el sistema represivo de las religiones. Una de las cinco columnas del islamismo proclama el deber de dar limosna cada día. Es decir, la caridad es la manera de escapar de no hacer justicia. La caridad es un sucedáneo de la justicia. Donde no hay justicia se puede hacer caridad. Todos creemos que tenemos derecho a la justicia. En cambio, la caridad crea clientes. Si eres caritativo, la gente piensa que eres bueno porque has hecho algo a lo que nadie te obliga. La justicia sí que es obligación. Por eso, las iglesias tienen organizaciones dedicadas a la caridad, como es el caso de Cáritas.

 

Al final, islam, judaísmo, cristianismo, ¿son primos hermanos?

Claro. Son las religiones del libro, en las que está escrito todo lo que debe hacer el ser humano. En los países donde gobiernan islamistas, las leyes emanan del Corán. En la Edad Media y hasta hoy, subrepticiamente, las sociedades cristianas deben estar de acuerdo con las creencias. Por eso tenemos, por ejemplo, una judicatura conservadora cristiana. Todos los elementos represivos están impregnados de ese sentimiento religioso. Explico en el libro cómo el islam está viviendo en este momento nuestra Edad Media. La Edad Media del cristianismo en Europa no era muy diferente del Islam de hoy. Podías morir en la hoguera, quemado con leña verde para que la tortura fuera mayor, por una nimiedad, por cualquier tontería, que llamaban «herejía».

 

Saramago dice, en Memorial del convento, que Lisboa olía a carne asada, por la quema de herejes en la plaza de Rossío.

La Iglesia católica ha sido la inventora de los instrumentos de tortura más refinados que han existido en la historia de la humanidad. Seguramente, la memoria se ha dejado muchos pelos en la gatera a la hora de hablar de ese pasado truculento. La primera cita del libro es de José Saramago. Dice: «Si todos fuéramos ateos, el mundo sería más pacífico». Todas las guerras, sin excepción, de toda la historia de la humanidad, han sido propiciadas, alentadas, sostenidas por alguna iglesia, por alguna religión. Siempre ha sido así.

 

Europa ha sido en este sentido especialmente violenta, cruel. ¿Se salva alguien dentro de la cristiandad o están más bien repartidas las atrocidades?

El cristianismo también comparte las ignominias. Hay que recordar que los que mataron a Miguel Servet fueron protestantes. No hay iglesia que se salve. Cuando alguien, según la razón, actúa de manera más compasiva…, son solo florituras, operaciones de imagen, podríamos decir. De alguna manera, hay que justificar que no es una religión de terror, que es cierto, sino que tienen cierta humanidad. Estas religiones del libro son, simplemente, sociedades terroristas, en el sentido que dice la RAE: «Dominación por el terror». Las religiones perduran porque han infundido el terror en los niños, que son los que, luego, de adultos, seguirán sosteniendo, con el dinero, los apoyos a estas sociedades.

 

Cuando hablamos de religión, tendemos a referirnos a ella como algo del pasado, patrimonio de la historia, olvidando a veces que sigue aquí, bien viva.

La religión, blanqueada, es un marco cotidiano, normalizado. Pero, si nos paramos un poco, observamos, y no es difícil darse cuenta, que la percibimos a través de todo. Es omnipresente. Estamos completamente atravesados por la religión. Todavía se habla incluso del delito de blasfemia, por el cual te pueden caer años… Los humoristas tienen que tener mucho cuidado con su crítica, porque cualquier juez católico te puede perjudicar. Lo que pasa es que, por ejemplo, la Iglesia católica de España es una sociedad de holgazanes, porque no trabajan. Son 75.000 los capellanes y monjas, tienen 11.000 millones de euros de ingresos, gracias al IRPF, a exenciones fiscales… La Iglesia es más rica que Google, Apple, Microsoft.

 

¿Cómo se explica el camaleonismo que, en el catolicismo, es capaz de hacer convivir ideologías, maneras de pensar o de vivir, sensibilidades aparentemente antagónicas?

Las mismas mecánicas de la fe son las que utilizan los nacionalismos. Los dioses y las naciones son invenciones, construcciones, del ser humano. ¿Cómo se puede decir que hasta este río es una nación y a partir de allí, otra? Por eso encajan tan bien. Constantino, que fue bautizado en el lecho de muerte, fue el primero que se dio cuenta de que una religión única era el mejor adhesivo para su imperio. Pero, en cualquier caso, el catolicismo está a la defensiva, porque ve que se les está acabando el negocio. Acechado por la razón y la ciencia, sabe que les queda muy pequeño el terreno de juego. La fe vive de las migajas que deja la razón.

 

¿Eso de la religión «opio del pueblo», sí?

Sí, ya se sabe, el opio adormece. Las religiones, mediante el terror, lo que buscan es que los fieles no puedan pensar. Cuando nos preguntamos ¿cómo puede ser que personas inteligentes, cultas crean en un cúmulo de tonterías? La respuesta es meridiana: la religión les prohíbe usar la razón como instrumento de análisis. No puede someter su ser a la razón. Solo el intento de hacerlo es pecado. En este momento, la ciencia explica que el universo tiene 13.720 millones de años. Es tan inmenso que ni siquiera podemos ponerle cifras. Que haya quienes piensen que esto lo hizo un dios clama al cielo.

 

Joan Brossa:  SOLSTICIO DE INVIERNO, SIN MÁS

 (El País 18-12-1983)

Tenía un amigo que se metió a cura. Supongo que aún lo es. Lo visitaba a menudo en el seminario. A los dos nos gustaba Wagner. Nuestra relación era tolerante, dado que yo no soy creyente. Fue curioso, sin embargo, constatar que, a medida que avanzaba en los estudios, se iba volviendo cada vez más intransigente y quería catequizarme con nieve en las manos. La relación fue cambiando de signo y al final vino el copo que hizo rebosar el vaso. Un año, por “Navidad”, me mandó una felicitación con unas recomendaciones de vieja fábula. Yo le contesté con un poema en el que le preguntaba al nacimiento de qué dios se refería, puesto que da la casualidad de que, por esas fechas, nace más de uno; depende, claro está, de las creencias que cada cual adopte. Mitra, Krishna, Agni, Apolo y otros muchos nacen en diciembre y resucitan en el equinoccio de primavera. Y es que originalmente el dios creador era el Sol y, en las religiones con redentor, el hijo enviado a la tierra para salvar a los hombres era el fuego, circunstancia que se repite en el caso de Cristo. Éste es el principio, que en el correr de los siglos ha pasado del hecho propio al figurado. Mi amigo no me ha dicho nunca nada más. Yo creo que fue debido a nuestras conversaciones, a las que se añadía a menudo un estudiante de teología; su confesor debió aconsejarle que evitara mi contacto. Con todo, guardo un buen recuerdo de mi amigo y del paisaje de aquellos días, que no confundo con las campanas y las redes clericaloides.  

Concibo la religión como un modo de entender el mundo, de no fiarse de lo aparente; una experiencia de madurez interior, de aumento de la propia conciencia. Pero esto no tiene nada que ver con ningún dogma ni con las operaciones de la multinacional eclesiástica, que, por decirlo con un leguaje afín, se ha pasado al César con todo su bagaje de intereses. ¿Qué sentido tiene, pues, celebrar la “Navidad” en nuestro tiempo?  Ya se sabe que las solemnidades sin comilona no subsisten. Y eso los cabecillas vaticanistas lo entienden muy bien; su floración a través de los años la han acompañado con diversiones de toda especie, maestros como son en el arte de predicar lo uno y practicar lo otro. Negociantes de la fe, fachendosos o lobos con piel de oveja, según las circunstancias, son hábiles en filtrar el mensaje evangélico a través de una formulación adecuada a la clase social que la recibe

La Iglesia es un teatro en el que hacen intervenir la divinidad. Prelados y jerarcas se adjudican el poder terrenal en provecho del grupo social dominante. Su oportunismo los desautoriza, así como la manipulación que hacen de la gente que les presta oídos.

Por otra parte, ya he dado a entenderlo, me encuentro entre los que no creen que Cristo sea un personaje histórico, sino un mito solar. Aparte de los Evangelios, la Historia lo ignora por completo. Por eso, si algo hay que celebrar, debe ser el solsticio de invierno o, dicho de otro modo, el nacimiento del Sol. También los druidas festejaban el nacimiento de Agni, dios del fuego, en diciembre; sus magos conocían la fiesta por la aparición de una estrella muy resplandeciente. La Iglesia sabía que si hacía tabla rasa de las fiestas paganas no habría sido popular y las transformó. Éstos son los hechos, de tú a tú. Y, entre uno y otro, la vida me ha enseñado a no fiarme de ninguna Iglesia. Puede haber un momento en que sus intereses y los de la humanidad coincidan. Pero cuando las circunstancias cambian, ellos no dudan en mudar de capa, caiga quien caiga, a fin de mantener sus privilegios. Sobre esto hay mucho escrito en la historia de los pueblos. En este aspecto, el catolicismo me parece una de las religiones más corrompidas. Es peligroso no en su sentido espiritual, sino por el poder económico que ostenta y por los pocos escrúpulos que demuestra en arrimar el ascua a su sardina. Predica por el mundo la caridad a los pobres, pero oculta la verdad que los liberaría. Es la religión de los poderosos. En las escuelas religiosas se fomenta el individualismo, la competencia y el éxito. Así tiene, porque las paga, una infinidad de máscaras con el marketing correspondiente. Practica un cristianismo de consenso. En resumen: entiende mejor que los de la competencia la operación de revestir un ídolo de poder para ser su depositario. Y mientras tanto aumentan los parados, la delincuencia y la violencia en los países dominados por la educación clerical. Tenemos en la Iglesia española un ejemplo muy reciente de poder teocrático. En cambio, una religiosidad más abierta, y en franca oposición al despotismo de las jerarquías, ha sido decisiva en la evolución hacia la democracia. Pero estos casos son excepción…

Sabido es que el fanatismo y la intolerancia de los teólogos ha frenado el progreso de la humanidad.

Han sido los avances científicos lo que ha hecho modificar la ortodoxia. Hoy por ejemplo, a causa del debilitamiento de esta ortodoxia, la Iglesia se desentiende de los milagros, pero, con todo, no invalida los del pasado, cuando no existe ninguna razón para suponer que los milagros de antaño se produjeran por causas distintas. Antes que la cultura, cuenta el propio beneficio. Y los santuarios con milagro son una fuente de ingresos.

Como todo el mundo sabe, la Iglesia combate a los innovadores y después acaba acomodándose a los logros –y, en muchos casos, aún atribuyéndoselos!  Todo esto nos mueve a decir que, en vez de dos mil años de Cristo, ha habido dos mil años de Judas (para usar dos nombres de su mitología).

Etcétera. No acabaríamos nunca de rememorar más desventuras que venturas. Y vuelvo a la pregunta del principio. ¿Qué sentido tiene hoy celebrar la “Navidad”? De acuerdo. La gente  se divierte. Corre el dinero. Unos días de cana al aire. La lotería. Las familias se atracan. Se olvidan los problemas. Y también abundan los suicidios de gente desamparada. Uno revive el mundo de la infancia. (Por eso la Iglesia no es correcta ni desinteresada al defender el monopolio de la educación. Las vivencias que nos asaetean de pequeños reaparecen en la vejez por una simple operación de psicología) Yo diría que hoy las fiestas navideñas son un pacto entre los tenderos del cuerpo y los del alma. Un triunfo de todo lo secundario y excesivo y que no hace falta para dar respaldo a ninguna verdad esencial. Y si de amor y fraternidad se trata, el lema mitológico “Paz a los hombres de buena voluntad” queda superado por este otro atribuido a Buda: “Paz a todos los seres”. Hay que convenir que en las cosas del espíritu los occidentales somos unos aprendices. No olvidemos que tantas iglesias y tantas catedrales triunfalistas ha significado vaciar los bolsillos de ricos y pobres, lo que me parece muy alejado del espíritu originario. Resumiendo: no estoy nada de acuerdo con las formas oficiales que revista la religión, y adherirse a sus festejos es hacer propaganda de un clan de reaccionarios con implicaciones políticas muy concretas que conducen a interpretaciones estrechas de la realidad y que de ningún modo representan una salida a la situación caótica actual. No creo en los valores inamovibles. Soy escéptico de las ortodoxias. Soy de los que creen que una montaña de recuerdos no iguala una brizna de esperanza. Y que la Historia la hacen quienes van en contra sus hábitos. Lo demás son cartas que no tengo tiempo de escribir. Pero, en tanto que la lluvia va puliendo las tejas, tenemos que saber mantener el equilibrio ante el fuego. Hemos de salvar la identidad del Hombre, rodeados como estamos de anticuarios y traperos. Tengo la convicción de que, si todas las Iglesias desapareciesen, comprenderíamos mejor la calía de la religiosidad.  

 Antonio López Campillo.   Lo que nos puede salvar es el ateísmo

Entrevista aparecida en el periódico CNT (dic. 2001).


Campillo es a sus 76 años Doctor en Físicas e investigador científico, ha estudiado Sociología de la Literatura y Economía de Desarrollo. Además, ha sido presentador de TV y de radio, columnista en Cambio 16, Diario 16, Ya y El País, así como autor de varios libros: "La ciencia como herejía""Clones, moscas, sabios","La caída de la casa Lenin", etc. Dice de sí mismo que se considera más bien libertario, oscilando entre individualista y colectivista. Aunque es ateo antes lo fue cristiano, como tantos otros. Sin embargo, ni antes ni después vio a dios a través del microscopio. 

 

-¿Hasta que punto hay un trasfondo religioso en los actuales sucesos en el mundo?

-El temor que tengo respecto a lo que está pasando ahora, como la destrucción de las Torres Gemelas o la guerra de Afganistán, es que nos tape un fenómeno mucho más importante, que es el resurgimiento de las corrientes extremistas religiosas. En el mundo occidental esto se puede torear, pero el renacimiento que desde hace treinta años se viene produciendo en el mundo musulmán es mucho más grave, porque es una religión que no tiene vuelta de hoja, no da lugar a heterodoxias. Del cristianismo han salido el socialismo, el marxismo, el anarquismo, el liberalismo y el ateísmo; como negación, oposición, lucha, antagonismo o mera superación. En el islam eso no puede existir, porque así como los textos sagrados en que se fundamenta el cristianismo están elaborados a lo largo de un mínimo de 900 años, los del islam fueron hechos por una persona, con añadiduras de unos pocos más después. Es por lo tanto un texto muy coherente y sin fallos, en el que se especifica que la persona no es responsable de lo que hace. Si es un hombre bueno no es responsable porque cumple la ley y, si es un hombre malo, se le castiga por no haberla cumplido. Pero la responsabilidad que tiene de "no ser" no es una responsabilidad individual, como en el judeo-cristiano, que sí se dirigen directamente a dios, no hay relación. La prueba de ello es que han sido anulados todos los movimientos místicos porque intentan hablar directamente con dios, tendencia que también se ha manifestado en el cristianismo, aunque por motivos diferentes. 

-¿Qué propone el ateísmo frente a todo eso?

-Desde mi punto de vista, lo que nos puede salvar es el ateísmo, porque promulga tener confianza en el hombre, sólo en el hombre, sentirse responsable de sus propias acciones. El ateísmo nos hace responsables de nuestras propias acciones y tenemos que pagarlo a veces, nuestra libertad tiene ese precio. Lo importante es pedir a la gente que se haga responsable de su vida y que rechace los llamamientos de salvadores. 

-¿Cuáles son a tu juicio las bases para asentar un ateísmo consciente y racional?, que no sea simplemente una negación.

-Lo primero, y aún recordando que hay una cierta filiación cristiana, negarse en redondo a aceptar la existencia de un poder superior de naturaleza divina. No hay más que el mundo. Un ateísmo serio es materialista en el sentido de que no reconoce otra espiritualidad que la que genera la materia. Todos tenemos lo que se llama un espíritu o conciencia inteligente, que es simplemente un producto del funcionamiento del cerebro, no sabemos bien cómo funciona pero ahí está. La no interferencia de potencias raras sobre nuestro actuar es la clave de un ateísmo fundamentado. 

-Para un anarquista es un poco duro pensar que esta ideología viene del cristianismo, como has apuntado hace un momento.

-El monoteísmo provoca que el hombre se enfrente con dios directamente. En el "Antiguo Testamento" hay un libro, el "libro de Job", en el que dios pone a prueba de mala manera a Job, quien le pide cuentas. Es el primer caso que se conoce en que un hombre se rebela contra dios en nombre de la justicia. Pedir cuentas a quien sea es un principio de libertad importantísimo. En la antigua Grecia sólo aparece la palabra "libertad" al mismo tiempo que aparece la palabra "esclavo". En el caso de Job la libertad se manifiesta en relación a un poder superior y una de las característica de la anarquía es ser libre frente a cualquier poder. Está claro que el anarquismo nace en un mundo cristiano y hay una raíz de esta ideología que toma lo poco bueno que tiene el cristianismo para que pueda ser destinado al bien de la humanidad. Esto se traduce en que puede haber cristianos que se digan anarquistas pero es difícil que haya anarquistas que se digan cristianos. 

-¿Cómo se forma en el ser humano la idea de crear una religión?

-Por la perdida de los padres. Cuando se produce esa situación te quedas solo en el mundo y buscas a alguien que te ayude. Por eso las religiones tienen mucho de patriarcado y matriarcado. En el cristianismo dios es dios-padre, en el islam es dios-amo. 

-¿Consideras que las religiones son interpretaciones humanas de mensajes supuestamente divinos?

-En la sionista y en la cristiana hay de eso, en la musulmana no. En ésta, Alá ha dado el mensaje a Mahoma para que lo escriba y lo difunda, pero no caben otras interpretaciones diferentes a lo que está dicho. Mientras en el cristianismo y el judaísmo cada profeta o iluminado le da la explicación a las escrituras que le parece, por eso hay tantas herejías, tantas iglesias y tantos follones. Las corrientes en el islam viene determinadas por problemas jurídicos y no religiosos. 

-Aprovechando que eres científico, ¿ha detectado la ciencia algo a lo que se le pueda llamar espíritu o alma?, ¿tendría que ver algo la conciencia en todo esto?.

-Según lo que se sabe ahora de neurofisiología -aunque hay mucho camelo en esta ciencia-, la conciencia es un estado de la mente en el cual y, por la mediación de unos mecanismos muy complejos, se tiene un conocimiento de las cosas. Pero eso también lo tienen los animales. Yo tengo perros y gatos y veo que son conscientes de quienes son, responden a su nombre e incluso a los de las personas de su entorno, incluso tienen conciencia del estado de ánimo que tienen las personas. Esto quiere decir que su conciencia existe pero no está tan desarrollada como la nuestra, pues ellos no puede escribir poesía, por ejemplo. Pero eso no nos convierte en extraordinarios, ya que nuestra conciencia es simplemente una evolución o prolongación de la que se dan en el mundo animal. Denet acaba diciendo en su libro "Las conciencias" que venimos de un átomo que se fue uniendo paulatinamente con otros y nuestra conciencia es producto de eso. Por eso, la existencia de esa conciencia no debe servir para justificar la existencia de una fuerza superior.  

-Todas las religiones tienen algo que decir sobre lo que pasa con las personas una vez que se mueren, ¿qué pasa cuando nos morimos?

-Las religiones dicen que permanece nuestro espíritu, pero que resulta que si, según acabo de decir, el espíritu es la consecuencia de la unión de esos átomos y moléculas y éstos no desaparecen al desintegrarse nuestro cuerpo, parece que la respuesta es clara. Hay casos de enfermos mentales que pierden gran parte de su conciencia por causa de accidentes cerebrales y no están muertos. 

-Las religiones de cualquier tipo siempre buscan la manera de explicar el origen del Universo, de la Tierra, del ser humano y de la civilización. ¿Cuál es el motivo de que todas estén cortadas por ese patrón y de que pretenden trazar cosmogonías?

-Lo hacen todas. y lo hacen porque tienen que justificar la existencia del mundo, de todo lo que nos rodea. Se plantean, ¿quién lo ha puesto aquí?, si nosotros no hemos sido, ha sido alguien superior. Por descarte. Estas cosmogonías alcanzaron un punto de inflexión en la antigua Grecia, porque entonces los griegos se plantearon contar la creación del mundo buscándole una explicación y dando así lugar a una cosmología. Al explicarlo, llegó un momento ya en esa época en que los dioses no jugaban ningún papel. Por eso las religiones utilizan las cosmogonías, que tal vez no han creado pero las justifican. Por eso la Iglesia Católica acusó a Galileo y a otros por defender la centralidad del Sol, el heliocentrismo (en aquella época se pensaba que la Tierra era el centro del Universo y que de hecho éste giraba en torno a ella). La Iglesia había tomado como modelo de Cosmos el de Aristóteles, que se adaptaba bastante bien a la cosmogonía que promulgaba. Cuando la cosmogonía es contestada con una cosmología el fundamento para la existencia de dios se va a la mierda, por eso las iglesias luchan todo lo que pueden contra el saber científico que les quita fundamento. 

-Pero, la cosmología está cambiando día a día... se descubren nuevas estrellas, nuevos planetas, aún no se sabe si en Marte hubo vida, etc.

-Las cosmologías pueden cambiar y de hecho deben hacerlo en cada nueva ocasión en que se pueda ampliar el conocimiento, teorías como la del Big Bang acaso serán superadas en los años venideros; en cambio, las cosmogonías no pueden cambiar, simplemente subsisten o mueren. 

-Muchas veces se dicen que el verdadero dios de hoy en día es el dinero, incluso se apunta a la TV o a los medios de comunicación. ¿Es acertado darles cualidades divinas a estas creaciones humanas?

-Había religiones anteriores al judaísmo y al cristianismo que hacían dioses de una piedra que les llamaba la atención o les parecía extraña, de un animal, etc. El dinero obviamente está idealizado, como la televisión, pero no pasan de ser esos elementos cercanos y atractivos como piedras o animales. Eso explica lo que a veces se dice, por razones difíciles de explicar, de que hay una regresión del modo de pensar en la parte más intelectual de esta sociedad. No en la científica, porque hay dos culturas, la científica y la que no lo es. Un científico puede leer a Cervantes y disfrutarlo, pero un novelista no podrá hacer cálculo diferencial o comprender la matemática cuántica. Por eso es normal que haya dos modos de pensar o de ver las cosas, lo que pasa es que actualmente hay un rechazo de la razón que viene de los filósofos posmodernos y que favorece que seamos capaces de hacer equivalentes de dios a partir del dinero, de la televisión, de determinados personajes, etc. Volveremos a épocas míticas y eso lo están favoreciendo sin querer los posmodernos, de los que tenemos algunos buenos representantes en España, como Agustín García Calvo. 

-Muchas religiones también se refieren al advenimiento de un mesías, ¿ese recurso es como la zanahoria que se pone delante del burro?

-Mi opinión al respecto es que hay que levantar la veda de la caza del mesías. Cuando aparece la idea de que va a venir alguien que nos va a salvar, que nos va a resolver los problemas, es cuando las religiones se vuelven realmente peligrosas. Y es una idea que está latente en el pensamiento posmoderno. Es mejor que nos salvemos nosotros mismos cada día. 

-El Cielo está arriba y el Infierno abajo, ¿por qué?

-Eso era antes, el Papa dijo hace un año que el Cielo es "un estado del alma", con lo cual se ha cargado toda la teología de la Edad Media de arriba abajo. El Infierno ahora no está tan localizado. 

-¿Cuál es el sentido de la vida?, que es otra de las incógnitas que las religiones pretender explicar.

-Si como sentido de la vida entendemos el del Cosmos, de eso da buena cuenta la Teoría de la Evolución, así como la Teoría del Caos. En cuanto al destino del individuo, depende de cómo use sus capacidades para realizar algunas de las posibilidades que tiene o que la naturaleza le ofrece, si es consciente de ello. Y, si no lo es, cree que hay una entidad superior que lo dirige y por ahí se llega a dios.

 

Entrevista a Anthony C. Grayling: Humanista, secularista y ateo

 

Un secularista (laicista) es simplemente alguien que piensa que la religión y los asuntos públicos deben mantenerse aparte: la separación de la Iglesia y el Estado.

 

Documento con fecha 28 de enero de 2013. Publicado el 28 de enero de 2013. 
Autor: Rodrigo Restrepo. Fuente: Revista Arcadia.



 Grayling no es un filósofo en el sentido clásico del término. No aventura originales hipótesis metafísicas ni escudriña en las profundidades del alma humana. Es más bien un filósofo en el sentido contemporáneo: un técnico de las ideas, una hormiga de los conceptos, un típico ejemplar del homo academicus. En el lado “duro” de su pensamiento se dedica a indagar en las relaciones entre la mente y el mundo. Usa la lógica para inquirir en la pregunta de si podemos conocer el mundo, y para contrargumentar las tesis del escepticismo. En su lado “blando” es un pensador de la ética, de la filosofía de la vida cotidiana, un contribuyente de la gran pregunta socrática: ¿cómo debemos vivir?

Este es, sin duda, el aspecto más popular y atractivo de su prolífica obra, que se extiende a treinta libros. Como intelectual comprometido y filósofo público, Grayling escribe sobre crímenes de guerra, legalización de la droga, eutanasia o derechos humanos. Es un colaborador frecuente del Literary Review, del Times Literary Supplement, de la revista científica New Scientist o de la radio BBC, entre otras. Durante tres años mantuvo una columna en el diario The Guardian llamada “The Last Word” (La última palabra), de la que surgió su libro El sentido de las cosas, una colección de pequeños ensayos sobre las virtudes, las falacias y los bienes del hombre contemporáneo. Allí explora ideas como la tolerancia y el racismo, la fe y la razón, la pobreza, el capitalismo, el arte o la salud. En ese mismo espíritu de divulgación filosófica escribió El poder de las ideas, una especie de enciclopedia de bolsillo para el hombre del siglo XXI, en donde actualiza conceptos como la bioética, el multiculturalismo, el psicoanálisis, la mecánica cuántica, Internet, la inteligencia artificial y hasta el budismo y el vegetarianismo.

Miembro de la Real Sociedad de Literatura, de la Real Sociedad de Artes, del Saint Anne’s College de Oxford, representante del Consejo para los Derechos Humanos de la ONU y de un larguísimo etcétera de sociedades y agrupaciones civiles, se yergue como un eminente miembro del establishment intelectual inglés: todo un candidato a Sir. Como filósofo, nada de tesis atrevidas, nada de posmodernismo ni de poshumanismo, nada de franceses y poco de alemanes. Ceñido con celo a la tradición inglesa y muy ajustado al common sense, Grayling es un organizador de conceptos, mesurado, frío y sobrio.

Excepto quizá cuando habla de religión. Se le incluye en la corriente del Nuevo Ateísmo, junto a Richard Dawkins (El gen egoísta y El espejismo de Dios) o Daniel Dennett (Romper el hechizo: la religión como fenómeno natural). Y, todo hay que decirlo, cada vez que tiene la posibilidad despotrica con todo su arsenal contra las creencias religiosas.



Usted es un intelectual que ha decidido entrar de lleno en el debate público. Escribe columnas en periódicos, colabora con suplementos culturales, es frecuentemente entrevistado en radio y televisión. Desde su punto de vista, ¿por qué es importante el filósofo en la arena pública? ¿Qué puede y debe aportarle al debate en los medios masivos?
La filosofía trata de las ideas, los debates, las perspectivas. En cuestiones morales y políticas existe una gran tradición de pensamiento sobre estos temas. Los filósofos pueden contribuir en algo a la conversación social acerca de estas cuestiones, no decirle a la gente qué pensar, sino alertarlos sobre las ideas y las posibilidades.

Uno de sus temas como filósofo público es la ética. ¿Por qué la importancia de la ética en este momento?
La ética es la indagación en las cuestiones del valor, en el pensamiento acerca de cómo debemos vivir nuestras vidas, qué clase de personas debemos ser, cuáles son nuestras responsabilidades con los otros. Trata de la buena vida, la vida floreciente. Y se relaciona con cuestiones políticas sobre la buena sociedad, el mejor tipo de sociedad en la cual pueden florecer buenas vidas individuales.

En su libro La elección de Hércules usted plantea nuevamente las preguntas socráticas: ¿cómo debo vivir? y ¿cuál es la buena vida? Dice incluso que el filósofo debería ofrecer indicaciones prácticas respecto a la ética. ¿Debería el filósofo ser una especie de guía para la buena vida, como creían los griegos? ¿Por qué parece ser tan relevante hoy en día “devolver la discusión ética a los detalles prácticos de la vida"?
La filosofía académica se ha vuelto demasiado técnica y estrecha, demasiado oscura. Sin embargo la filosofía pertenece a todo el mundo. Pensar en cuestiones morales y políticas debería ser la responsabilidad de toda persona atenta. Los filósofos no deberían ser los profesores o legisladores de la humanidad, sino los facilitadores, para contribuir a la conversación de la humanidad, para recordarle a la gente de las ideas, discusiones y debates de la filosofía a través del tiempo, de manera que la gente tenga material para reflexionar, y para formar sus propios juicios sobre la base de la información, la razón y el debate.

Como intelectual público, usted establece una descarnada disputa contra la religión, contra todo fundamentalismo y toda actitud moralizadora. Llega usted a decir que la religión es una “estrecha prisión”, que las creencias religiosas, “siempre y en todo lugar han sido causa de guerras, intolerancia y persecución, y han distorsionado la naturaleza humana con posturas falsas y artificiales”. ¿Por qué tanta crítica a la religión en sí misma, al punto de considerarla una fuerza en contra del desarrollo de la humanidad? ¿Por qué rechazarla de tajo como una opción ética y vital válida para el hombre contemporáneo? Me parece una actitud demasiado radical e incluso peligrosa. Estoy pensando en la actitud pragmática del filósofo William James, quien argumentaba que es perfectamente válido asumir la creencia en Dios y probar su existencia si aquella creencia mejora la propia vida, la convierte en una buena vida. O en Carl Jung, cuando afirma que las experiencias de lo numinoso (esto es, lo sagrado), son no solo importantes sino fundamentales en el proceso de individuación, es decir, en el saludable desarrollo de la psique humana individual. O también en el filósofo Peter Sloterdijk, quien postula que estamos asistiendo al retorno, no de la religión, sino de ciertas “prácticas espirituales”, o procedimientos y sistemas de ejercitación mediante los cuales los hombres de todas las épocas y culturas han optimizado su estado inmunológico frente a los riesgos de la vida y de la muerte. ¿Por qué establecer semejante disputa contra la religión?
Por las razones dadas en los escritos que usted cita. La religión es una sobreviviente de los tiempos de ignorancia de la humanidad. La Ilustración nos enseñó que hay muchas posibilidades para unas buenas y florecientes vidas humanas, y que declarar que solo hay una gran verdad, una respuesta correcta que todos debemos aceptar, una autoridad que debemos obedecer y adorar, ya no es aceptable.

Pero la Ilustración también llevó a buena parte del mundo occidental a los campos de exterminio, así como a nuevas formas de esclavitud, como bien lo ha mostrado Adorno…
Adorno habla basura. La Ilustración promovió el pluralismo, la libertad individual, la racionalidad, la democracia y los derechos humanos. Todo movimiento totalitario –el estalinismo, el nazismo, la religión– sostiene lo opuesto a estos valores: estos movimientos afirman que hay una verdad, un camino correcto, que todos deben ajustarse a él, todos deben obedecer. De allí es de donde vienen los campos de exterminio –de la contra-Ilustración– no de la Ilustración. Me sorprende que la gente no vea esto.

Usted es frecuentemente incluido en la corriente de los Nuevos Ateístas. Uno de los propósitos de este movimiento es contrargumentar públicamente contra la religión, criticarla y exponerla mediante argumentos racionales en cualquier lugar en que sus influencias surjan. Aparte de que esta misión no deja de tener algo de evangelizador, muchos han calificado al Nuevo Ateísmo como agresivo y discriminatorio del cristianismo. ¿No es el Nuevo Ateísmo una nueva forma de fundamentalismo? Quizás no un fundamentalismo en el sentido clásico del término, entendido como “obediencia ciega a la escritura y aliada al extremismo”, sino un fundamentalismo más sutil y académico, en el que todo aspecto o rasgo religioso es descartado de entrada –no sin cierta actitud irónica– o aparentemente superado con “contundentes” argumentos científicos. ¿No sería juego sucio atacar todo elemento religioso desde la lógica científica de datos y evidencias, cuando la misma experiencia religiosa escapa a dicha lógica?
Hay una confusión aquí entre ateísmo y secularismo. El secularismo señala que la religión es un movimiento con intereses propios y con muchas ganas de persuadir a otros de su punto de vista. Esto también lo hacen otros puntos de vista. Pero por razones históricas la religión ha ocupado un vasto e inflado espacio en la plaza pública. El secularismo argumenta que la religión debería tomar su turno en la fila con todos los otros grupos de interés.

Entonces usted es un secularista, no un ateo… 
Yo soy un ateo y un secularista. Y un humanista: las tres posiciones van juntas de manera muy natural, aunque desde luego puede haber también secularistas religiosos, pues un secularista es simplemente alguien que piensa que la religión y los asuntos públicos deben mantenerse aparte: la separación de la Iglesia y el Estado.

¿Pero y entonces por qué tanta guerra intelectual contra la religión?
La religión incide más como fuerza para el mal que para el bien en el mundo, es corrosiva para la vida intelectual y moral de los individuos y las naciones (es culpa de la religión que la gente buena haga cosas malas) y obstruye el camino del progreso científico y social.

Dice usted que “la razón es un absoluto que, usado correctamente, puede dirimir disputas y guiarnos a la verdad” y que a pesar de sus fracasos y limitaciones debemos aferrarnos a ella. Suele usted oponer la razón a la fe, y dice incluso que la fe es la negación de la razón. ¿No estaría esta postura elevando la razón al nivel de un ídolo, un dios, o en sus palabras, un “absoluto”? Si el universo carece de una estructura racional y la razón, como decía Nietzsche, resulta incapaz de conocer el universo sin distorsionarlo; si incluso la naturaleza humana, como sabemos desde Freud, es gobernada por su dimensión irracional, ¿por qué seguir a estas alturas de la historia de las ideas elevando la razón al nivel de un “absoluto”? 
La razón es la aplicación de la racionalidad. Racionalidad = ratio = dar proporción a nuestras conclusiones y acciones según la evidencia y las razones que uno tiene. La razón es nuestra mejor guía y ayuda para vivir acorde con nuestras mejores evidencias y pensamientos. Usar el lenguaje de la religión –”ídolos”, etc., etc.– para describir el responsable compromiso de vivir según la razón y la evidencia es tergiversar el asunto. La gente quiere que los constructores del avión en el que viajan sean tan cuidadosos y racionales como sea posible. Y después van a la iglesia el domingo. ¡Eso es una inconsistencia!

Claro, pero la vida no es un asunto de consistencia, precisamente porque no es ni lógica ni siempre racional. La razón, sin duda, es una herramienta muy poderosa y útil, pero mucha gente querrá y necesitará ir a la iglesia para vivir una buena vida. ¿No es un poco unilateral argumentar que solo la razón y la evidencia pueden conducirnos a la buena vida?
Repito mi punto sobre el avión en el que usted está volando. Si sus ingenieros dijeran: “Muy bien, no tenemos que ser racionales –o tratar de ser racionales–”, el avión de alguna manera aún volaría, pero usted no querría montarse en ese avión. Usted no debería querer “volar” en una vida que está perezosamente gobernada por supersticiones antiguas, impulsos no racionales y hábitos ajenos.

Usted “cree apasionadamente en el valor de todo lo espiritual” y sin embargo es ateo. ¿Es posible creer en el espíritu dejando a Dios –o cualquier imagen o idea que de este se tenga– fuera del escenario? ¿Qué significa esta postura?
Por “espiritual” entiendo algo totalmente secular y natural: el complejo de nuestras emociones y actitudes intelectuales, que constituyen una repuesta al mundo y a los otros. Los seres humanos tenemos una capacidad para el amor, para el gozo estético, para la conexión con los otros y con el mundo: el disfrute del arte, de la naturaleza, de la música y de la amistad son, a mi juicio, ejercicios “espirituales”.

 

Agustín Pániker

Por Mercedes Íñiguez Quintela para GEA PHOTOWORDS

 

Pániker, título nobiliario del sur de la India. Editor y  escritor, dirige los designios de la Editorial Kairós, especializada en la divulgación de las tradiciones de Oriente, la filosofía, la espiritualidad, la psicología y el ensayo. Este autor de varios libros como el que acaba de publicar, `La sociedad de castas, religión y política en la India´. 

 “No creo que La Vida tenga ningún sentido, pero Mi vida ¡mucho!” El Teorema de Pániker acuñado por su padre, el filósofo Salvador Pániker, defendía la máxima según la cual todo entrevistado acaba reducido a los límites mentales de su entrevistador. Difícil, muy difícil vista la dialéctica de la que hace gala Agustín Pániker que ve la vida no como un problema, sino como una realidad a experimentar. 

Dios ha muerto. Parece que lo mataron los hombres, clamaba Nietzsche, ¿está usted de acuerdo?

[En su rostro se dibuja la primera de una larga serie de sonrisas y carcajadas] Jajajaja. Corresponde a una época, un momento el siglo XIX, en el que se producía el debate entre la ciencia y la religión. Cuando se hablaba del proceso de desencantar el mundo parecía que iba a acabar con dios, las religiones y los fenómenos religiosos, reforzado por movimientos políticos como el marxismo, pero la profecía ha demostrado ser muy falsa. Como podemos ver en las noticias y alrededor nuestro, no sólo dios no ha muerto sino que sigue ahí vivito y coleando.

 

SÍ, pero sin embargo, en las democracias occidentales el laicismo va en aumento…

Mirémoslo en conjunto y pensemos que lo que sucede en Occidente sucede en otras partes del mundo. En muchísimas zonas del mundo, el fenómeno religioso sigue muy vivo. También es verdad que hay una franja de Europa occidental (más que en Occidente) un claro retroceso de la religión institucionalizada. Pero otras religiones crecen y desde luego, otro tipo de religiones sin Iglesia que pueden denominarse espirituales si se quiere, como los movimientos de nueva era, y en los que no tienen que existir la figura de dios. Al final, resulta que Nietzsche no iba tan desencaminado, pero sí en lo que se refiere al instinto o la intuición religiosa.

 

 Siguiendo con grandes máximas, ¿es la religión el opio del pueblo?

Jajaja, sí, desde mi punto de vista, creo que muchas veces han sido el opio del pueblo y sigue siéndolo. Es capaz de lo peor. Ya sea cristianismo, judaísmo, hinduismo, cualquier tipo de ismo. Los ismos tienen problemas y generan atrocidades, guerras santas, inquisiciones, atontan a la gente, acaban produciendo rituales repetitivos, sin ningún tipo de contenido, o se convierten en ideologías como la famosa frase que has mencionado: el opio del pueblo. Incitan a la violencia, a la agresión hacia los animales. La lista de cargos contra las religiones es inmensa. Ahora bien, dicho esto la realidad es más compleja. De modo que puedo poner también en su haber una lista de grandes logros que han conseguido las religiones o que hemos hecho los humanos alrededor del fenómeno religioso: hemos construido grandes templos, fabulosas cantatas, libros de sabiduría o creado valores como el altruismo, la compasión, la misericordia, el amor al prójimo. Eso también es impensable sin las religiones. Por tanto las religiones, en sí mismas, no son ni buenas ni malas, pero son tan amplias que en su nombre somos capaces de lo mejor y de lo peor. Pero hay muchas razones para tener recelos de las religiones, sobre todo, cuando se asocian al poder y se convierten en instituciones.

 

Usted defiende que la Modernidad, a través de la empresa colonial, ha reconfigurado y hasta ha llegado a crear la mayoría de religiones del mundo, ¿cómo?

A partir del proceso colonial, Europa u Occidente, pudo constatar que en otros lugares del mundo había fenómenos similares a lo que ellos llamaban cristianismo. De forma que se pasó de una Religión y una Verdad a un montón de religiones. El concepto tuvo que pluralizarse. En realidad, la experiencia colonial sirvió para bajar del pedestal al cristianismo al comprobar que existían otras religiones en Asia, América, etc. ¿Qué ocurrió entonces? Que pasaron por el filtro cristiano, o racional cristiano a fenómenos de parecido familiar. A partir de entonces, las religiones pasaron a tener un libro sagrado, una serie de dogmas, de rituales consensuados, una Iglesia. De alguna manera se proyectó el fenómeno del cristianismo sobe los demás fenómenos religiosos. Pensemos que en la mayoría de lenguas del mundo, no existía una palabra para la religión. Se tuvieron que hacer muchos esfuerzos para encontrarla en chino, japonés, suahili, etc. En este sentido, es la empresa colonial y el filtro cristiano racional quien (lo exagero un poco) acaba creando las religiones del mundo como algo separado de otros ámbitos de la vida. En otras partes del globo, la religión aparte de que era difícilmente identificable como tal, estaba entretejida con la gastronomía, la sexualidad, la mitología, con la moral, la danza, etc no había una esfera religiosa claramente demarcada. Ese es un fenómeno visiblemente europeo, sobre todo desde que empieza el proceso de secularización, a partir del siglo XVII, y que entonces empieza a separar la religión de todo lo que se supone que no es. Todo eso ha sido volcado sobre el resto de culturas. En ese sentido, es la Modernidad la que acaba colonizando mentalmente y creando las religiones del mundo.

 

 ¿Usted ya le ha encontrado respuesta a qué es la religión?

No, jajaja. He visto tantas definiciones e interpretaciones de lo que es la religión, que yo creo que la religión es aquello que cada uno cree que es; y punto. La religión, me temo que no es nada en concreto. Es un poco como el arte o el tiempo, difícil de definir. Vamos a encontrar opiniones muy diferentes.

 

¿Hay alguna religión mejor que otra?

No, yo creo que no son comparables. Uno, puede sentirse personalmente más cerca de unas religiones que de otras. Se puede contestar desde la subjetividad. Pero no existe un punto neutral en el que nos podamos situar para evaluar o comparar las religiones. Ni siquiera sabemos que es eso que llamamos cristianismo. Hay muchas formas de entenderlo y pensarlo.

 

Las regiones en general, y sobre todo el cristianismo, ¿han sabido rentabilizar el miedo a la muerte?

Eso es propio de muchas religiones, no sólo del cristianismo. En las tradiciones monoteístas quizás hay mayor temor porque podemos decir que la muerte se opone a la vida, mientras que en otras tradiciones la muerte se opone al nacimiento; la muerte es la entrada a otra existencia, a otra vida y se tiene, pues una apreciación distinta. Lo que es verdad es que la muerte figura desde los inicios de los fenómenos religiosos. No voy a reducir el fenómeno religioso como a una manera de afrontar la muerte, pero una parte importante tiene que ver con eso.

 

¿Por qué surgen los fanatismos religiosos?

Fanatismos los hay en todas partes, lamentablemente. Los que ahora están más presentes, más que ser fenómenos religiosos son políticos. Es un tema muy complejo. Un grupo yihadista asemeja más a una cédula de ETA que a un sector conservador. Los fenómenos yihadistas son más políticos que religiosos. Dicho lo cual, hay que reconocer que utilizan la retórica y la imaginería religiosa, que les da una cierta autoridad. Pero también el señor Bush, cuando invade Irak, tiene que apelar a las libertades y a la religión cuando sabido es que ni la religión ni la democracia pintaban nada. Es cierto, no obstante, que dentro de la propia religión islámica hay una peligrosa facilidad para establecer un lazo entre política y religión. Al no haber existido una separación tan nítida entre ambas puede darse esa interpretación, que es muy patológica, encuentro yo (y creo que estarían de acuerdo conmigo la mayoría de musulmanes) pero otros, incluso muy versados, como clérigos e imanes, la defienden. Ese es un problema que tienen más acusado las religiones monoteístas, no tanto el judaísmo, pero sí el cristianismo y el islam. Al tener unos libros inalterables, que son revelados (permítaseme la simplificación porque hay diferencias entre la Biblia y el Corán) tienen una dificultad en adaptar ese mensaje al siglo XXI. ¿Qué hace el fundamentalista? Pues en vez de intentar adaptar ese mensaje al siglo XXI, pretende que el siglo XXI regrese a los “fundamentos” de la época de Mahoma o de Jesucristo, lo cual no solo es anacrónico, sino también absurdo. La corriente más liberal del cristianismo o islamismo o cualquier ismo, intenta hacer justo lo contrario, busca adaptar ese texto a la modernidad y a la contemporaneidad, lo que implica una cierta negociación.

 

La Modernidad es su mayor enemigo

En el mundo islámico hay un gran recelo respecto lo que llamamos Modernidad, porque sobre todo durante los siglos XIX y XX, padecieron el lado oscuro de la Modernidad: el colonialismo, el imperialismo, incluso un secularismo a ultranza. Gran parte de estos grupos radicales tienen una especie de ansiedad y temor ante la modernidad y toman ese camino patológico. Al Qaeda y el Ejército Islámico, y ahora voy a ser políticamente incorrecto, se parecen más a los grupos revolucionarios de extrema izquierda de los años 60 y 70 y 80 , como Baader-Meinhof o Brigadas Rojas que no al islam conservador. Incluso en el romanticismo que invocan, en las estrategias de guerrilla y en la utopía de establecer un futuro diferente, tiene mucho más en común con estos grupos. La ironía es que este es un fenómeno extremadamente moderno.

 

¿Cómo se pueden entonces combatir los extremismos?

La solución a los extremismos supuestamente religiosos -pero insisto que son políticos-religiosos- tiene que ser multidimensional. Hay que cortar las justificaciones. Solucionar los problemas de geopolítica en primer lugar, empezando con el problema de Israel y Palestina, las monarquías del Golfo Pérsico, pero también que los líderes del mundo islámico, sobre todo los clérigos e imanes de Irak, Siria, Somalia, etc. puedan realmente mostrar a la población musulmana que el islam no tiene que ver nada con poner una bomba, no sólo en un semanario de Paris, sino en el pueblo de al lado. Pero esto no puede decirlo un intelectual de fuera o un político. Tiene que haber una transformación interna, tiene que favorecerse el diálogo y el debate interno dentro de los países musulmanes. Creo que también hay mucho doble rasero y la política que emplea Occidente en Irak o Siria no tiene nada que ver con la que emplea con Arabia Saudí o Qatar, que son una mina de fundamentalistas. El problema es profundo y no quiero ponerle todas las culpas a Occidente, que no es tan importante como nos gusta creer. No hay recetas porque la realidad es híper compleja. Múltiples frentes sociales, políticos, religiosos, sociales, intelectuales. Debería de haber un respeto a la diferencia.

 

Pero como sociedad, ¿qué podemos hacer para evitar este famoso choque de civilizaciones de Huntington?

Yo no estoy nada de acuerdo con el choque de las civilizaciones. Lo que pasa que cuanto más caso le hagamos, más se hará realidad. Aun así, ni siquiera me lo creo aunque por momentos parece que existe.

 

Es un discurso muy simplista pero parece que hay interés en enfrentar a Oriente y Occidente.

¿Qué es Oriente y qué es Occidente? Yo tengo sangre de la India, pero muchos de los atributos que se le supone al oriental los veo en Occidente y a la inversa, muchas cosas que se atribuyen a Occidente, las veo en India y muchos otros países. Por lo tanto, no me creo nada eso de la civilización occidental, es un constructo fabricado en Occidente. La idea de Occidente tiene una historia y es importante que nosotros sepamos de donde viene esta idea, a la que asociamos valores como libertad, democracia, razón, secularización. Pero al mismo tiempo, podríamos decir que Occidente es la tierra del genocidio, del holocausto, del esclavismo, del racismo, pero normalmente, eso no lo ponemos en el mismo paquete porque lo consideramos una lacra y tendemos a proyectarlo en otras culturas. Somos muy selectivos cuando hablamos de Occidente; es una autoimagen que hacemos de nosotros mismos y que contrastamos con el resto del mundo.

 

A usted los gurús le provocan alergia, ¿por qué?

Es que soy muy individualista en eso, muy occidental, jajaja, y eso de someterme a lo que dice el gurú… ¡no me gusta! Llevo muchos años en esto de la espiritualidad y conozco a muchos maestros espirituales y publico como editor a muchos de ellos. Conozco un poco los entresijos del mundo de lo espiritual, que deja bastante que desear. Me he encontrado gente maravillosa y verdaderos sabios y ¡ojalá hubiese más! Pero también verdaderos impostores y caraduras. Lo que sí sé, es que hay tanta demanda de maestros que inevitablemente van a salir de debajo de las piedras y ¡claro no todos pueden ser santos! La gran crítica que le hago yo al mundo de lo espiritual es la falta de discernimiento, de espíritu crítico y la poca profesionalidad que tienen gran parte de los supuestos gurús. Por lo tanto, soy crítico. Creo que una de las cosas de las que debe estar orgulloso Occidente es de su espíritu de crítica y de autocrítica, en el sentido constructivo. Occidente se preocupa mucho de sus defectos.

 

 Espiritualidad versus religión, ¿con cuál se queda?

Depende de lo que entendamos cada cual.

 

¿Y usted qué entiende?

Yo me puedo definir como una persona no religiosa. No soy nada religioso, ¡ni siquiera recibí una educación religiosa! Yo soy estrictamente laico; además soy ateo, aunque me gusta más decir ateísta. Soy aconfesional.

 

¿Transteista?

Jaja, ¡sí transteista me gusta mucho más! No es que sea tan sabio que haya trascendido el Teos, pero no lo necesito, no condiciona mi vida para nada. Sin embargo, me considero una persona bastante espiritual. Hoy en día, existe una espiritualidad secular, laica, aconfesional, que practican muchas personas, sobre todo en esta franja de Occidente.

 

¿La espiritualidad nace o se hace?

Yo creo que nace y luego uno la puede cultivar. Es como el oído musical, hay gente que lo tiene muy desarrollado y hay gente que poco, pero si uno va a un conservatorio lo puede mejorar siempre. No es que yo tenga un gran oído espiritual; no me considero una persona muy mística, de hecho soy muy escéptico. Pero puedo notar una verticalidad, llamémosla así, en la existencia, que a veces encuentro en las cosas cotidianas, como la música, el arte, incluso el activismo político o social, que pueden ser una forma de espiritualidad laica. También pueden ser una forma de colonización, es cierto. Pero he visto gente con verdadera vocación de altruismo, empatía por lo demás, de amor. No hace falta que se vayan a África, pueden ir al barrio de al lado, y de esa manera, trascienden su pequeño ego y se realizan. En eso lo considero muy espiritual. En cambio, no estamos hablando de ninguna religión.

¿Tienen los humanos necesidad de trascender?

Sí, y esta necesidad es connatural al ser humano. Yo soy de los que pienso que el fenómeno religioso nace de las experiencias extáticas, experiencias de trascendencia. Es una necesidad biológica. Pero a la vez es inseparable del lenguaje, de la capacidad de simbolizar. Fijémonos en los animales. El elefante tiene consciencia de la muerte de sus seres queridos; la empatía no la hemos inventado nosotros. En los animales más cercanos a los humanos, como los chimpancés, ahí vemos ya atisbos de religiosidad. La parte más importante de las religiones no son las creencias, sino el ritual. Los animales ritualizan mucho su vida, y por lo tanto, la religiosidad es un desarrollo plenamente natural. Esa necesidad de simbolizar, de darle una profundidad a la vida, no es una patología o una cosa solamente que las sociedades nos han inculcado. Forma parte de nuestra consciencia y de nuestra psique.

 

¿La vida tiene sentido, o concretamente, cuál es el sentido de la vida?

Yo creo que no tienen ninguno, jajaja, pero ahí cada uno le dará su interpretación. No creo que La Vida tenga ningún sentido, pero mi vida ¡mucho! El mundo no va a ninguna parte, creo yo. En eso estoy muy cerca de lo que dice la ciencia moderna. No creo que haya un sentido en el devenir de la historia de la humanidad; pero la vida de las personas puede tener TODO el sentido del mundo y puede ser una maravilla si podemos realizar todo ese sentido. En mi caso, el sentido de mi vida es mi autorrealización, es mi propio desarrollo como persona, mi mejoramiento humano, que no sólo es individual, ya que pasa también por la relación con los demás, con mi familia, mis amigos, mi trabajo, mis cosas. Estamos entretejidos en el universo. No es un proceso estrictamente individual y es precisamente en ese sentido que tiene mucho sentido, aunque no creo que La Vida vaya a ninguna parte.

 

Un poco pesimista.

No creo, más bien pienso que eso nos libera porque si la vida fuera a alguna parte o nos ponemos de acuerdo o mal lo veo, porque no veo que vayamos todas las culturas y personas hacia el mismo sitio, jajaja. No estamos yendo hacia el cielo, el progreso, hacia la libertad o hacia estas grandes mayúsculas que yo sospecho están detrás de la mayoría de genocidios, pero sí creo que la emancipación personal, el desarrollo colectivo, eso sí puede entrar en el horizonte de cada uno y de la sociedad.

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