domingo, 10 de noviembre de 2024

 

Gustavo Martín Garzo:  SOBRE EL CATOLICISMO

 El País 24-7-2007 

‘Sólo la gente buena’, escribió Mary McCarthy en Memorias de una joven católica, ‘puede permitirse el lujo de ser religiosa. Para la demás gente es una tentación demasiado fuerte, una tentación a los pecados mortales del orgullo, la ira y la pereza’. No hay más que ver la actitud de una buena parte de los católicos de nuestro país para concederle la razón a la gran escritora norteamericana. Claman ruidosamente contra esa aspiración irrenunciable en un Estado moderno de separar religión y sociedad civil, forman rebaños airados que toman ruidosamente las calles, se empeñan en decirnos cómo debemos vivir y educar a nuestros hijos. Es el problema de los que tienen una fe, que tienden a expresarse con la violencia e impunidad de los que se creen portadores de la verdad. Al escucharlos, no puedo dejar de imaginarme lo distinto que habría podido ser este país si hubiera optado por el ateísmo y el agnosticismo. Un país de plácidos y comprensivos ateos, ¿puede haber un sueño mejor para la convivencia?

Y es que pocas cosas han tenido una influencia más nefasta sobre nuestra historia que este catolicismo militante. Muchas veces me he preguntado qué podía haber en el pensamiento de aquellos religiosos a cuyos colegios todos los de mi generación acudimos durante años. Recuerdo la perversidad de sus sermones, el silencio amenazante de sus iglesias y nuestra angustia al escucharles. Unos adultos aterrorizando a unos niños, ¿nos hemos parado lo suficiente a considerar todo esto? El país en que vivíamos no era distinto a esos colegios oscuros. ¿Acaso los obispos actuales lo han olvidado? No, no lo han podido olvidar, y la pregunta es por qué entonces no se han vuelto más prudentes. ¿Tal vez porque en el fondo de sí mismos siguen añorando esos tiempos y el poder que tenían en ellos? Pero nosotros no podemos añorar tiempos así y por nada del mundo quisiéramos regresar a ellos.

Queridos obispos, os recordamos rigiendo la vida entera de este país. Diciéndonos cómo debíamos comportarnos, las películas y libros que podíamos ver y leer, hasta dónde podían llegar nuestras caricias. Recordamos vuestras lúgubres Semanas Santas, vuestros colegios clasistas, vuestra feroz persecución del deseo, vuestras terribles amenazas, vuestra malsana obsesión por los asuntos de alcoba. Os recordamos introduciendo a Franco bajo palio en las catedrales y, sin embargo, hemos guardado un respetuoso silencio para no disgustaros. Pero eso lejos de bastaros os ha servido para envaneceros y volver a clamar contra todo aquello que no se pliegue a vuestros preceptos. Creo que va siendo hora de que os calléis. Hora, por ejemplo, de poner fin a los insensatos privilegios económicos que seguís reclamando, y de volver a la idea de una educación laica, ajena a cualquier creencia religiosa. Se habla de los derechos de los padres a decidir la educación de sus hijos, pero por encima de estos derechos están los de los propios niños, sobre todo, el derecho a ser educados en los valores universales de la razón y la tolerancia.

Y sin embargo, yo, que no soy creyente, estoy agradecido al catolicismo, porque escuché sus historias de labios de mi madre. Claro que mi madre nunca nos imponía nada y se limitaba a transmitirnos su fe a través del amor, que no busca atemorizar sino la complicidad y el consentimiento. Sí, eso era el catolicismo para ella: una religión de la vida y de la belleza. Pues si un dios había sido capaz de morir por nosotros ¿cómo era posible que nuestra vida pudiera no tener sentido? Ese catolicismo dio a mi infancia exaltados momentos de altruismo, ritos raros y carentes de utilidad práctica, el sentido del misterio y la maravilla. Me enseñó a respetar a la mujer, a amar a los animales, a permanecer vigilante ante el mal y a creer, mientras fui niño, en la resurrección de la carne, que puede que sea una de las historias más disparatadas y hermosas que el hombre haya concebido jamás.

Pero ¿qué tiene que ver todo esto con las consignas de las autoridades eclesiásticas? Nada. Siempre he pensado que estas autoridades, y su corte de vociferantes ejércitos de moralidad, son como esos maestros sin vocación que teniendo hermosos cuentos no los saben contar a los niños. O no se molestan en hacerlo, tal vez porque son los primeros en no creer en ellos. Sin embargo, son cuentos traspasados de romanticismo que hablan de cosas tan esenciales como la responsabilidad individual, la igualdad entre los hombres y la posibilidad del milagro. Que critican el poder y el afán de riqueza, que nos dicen que los niños son sagrados y que el encuentro entre un hombre y una mujer puede ser lo que fue en el edén. Pero también, como todos los verdaderos cuentos, que reclaman el silencio para cumplirse. Es eso lo que percibimos al entrar en los bellos templos católicos, que allí se entra no para vociferar o hacer proclamas sino para estar en silencio. No hay más que contemplar las imágenes que nos reciben. Ángeles aturdidos, santas que se derriten de amor, obispos absortos en la lectura de misteriosos libros, cuerpos que, aun llenos de heridas, gimen de gozo, madres que lloran. Todos guardan silencio, ninguno sabe decir lo que quiere o lo que le pasa. La Biblia está llena de historias así. La historia de la burra de Balaán, que vio un ángel, la de Agar y su pequeño Ismael, la del discreto Noé, preparando su arca, la del obstinado Job, la de Raquel y sus ovejas, y por encima de todas la de la silenciosa María. Una muchacha que en un pueblo perdido recibe la visita de un ser alado que le anuncia que será la madre de un rey. ¿No es el comienzo de un cuento de hadas? Gran parte de la religión católica se centra en este ser adorable, que representa el misterio de la bondad, y cuya contemplación ha dado lugar a alguno de los más hermosos cuadros que se han pintado nunca.

Pero ni siquiera a ella la dejan tranquila. ¿Podemos imaginarnos a Hamlet regentando un negocio de pompas fúnebres, al capitán Achab con un puesto de pescados congelados, o a la Celestina dando cursos para reforzar la autoestima? Pues es lo que hacen esos supuestos devotos de María, llenan su boca de palabras que nunca pudo pronunciar, transformándola en poco más que en una antecesora de Rappel. No les basta que se aparezca a unos pobres pastores, sino que quieren que les hable de la conversión de Rusia, que profetice el atentado de Juan Pablo II o nos advierta de los peligrosos abismos a que nos encaminamos. Pero María es pura y hermosa y ficción, ¿por qué habría de venir al mundo para ocuparse de lo real? El camino debe ser el inverso: es lo real lo que debe mirarse en el espejo de lo verdadero. De haber entregado algo a aquellos pastores de Fátima habría sido esa página en blanco a que se refirió Isak Dinesen, pues la verdad necesita el silencio, un mundo de encinas, niños pobres y animales somnolientos para manifestarse. No los palacios arzobispales. No sus procesiones, sus cónclaves, su obsesión en decirnos lo que tenemos que hacer y pensar.

Sí, es cierto lo que dice Mary McCarthy, la religión sólo debería estar permitida a las gentes apacibles y bondadosas, a esas gentes que no desean imponer sus ideas a los demás y se limitan a detenerse ante las imágenes de su devoción buscando sólo belleza y consuelo. Pero una religión así ¿por qué habría de estar en contra del matrimonio de los homosexuales, del uso de los preservativos, de que las parejas se separen cuando huye de ellas el caprichoso amor, o del encuentro libre y gozoso de los cuerpos? No entiendo la obsesión de todos estos guardianes de la moralidad por el sexo, como no entiendo su complacencia con los poderosos. Deberían hacer como Francesco de Asís: construir iglesias diminutas, hablar con los pájaros y los lobos, bailar bajo la lluvia, llamar hermanos al dolor y a la muerte. Sólo así estarían a la altura de las historias que dicen guardar. Por ejemplo, de la historia del encuentro entre santa Clara y Francesco. Santa Clara era una muchacha noble que llevada por la devoción al santo de Asís lo abandonó todo, incluso se cortó su melena dorada, para seguirle. Y muy pronto otras muchachas se unieron a ella y formaron una comunidad atenta a las enseñanzas del pequeño santo. Y cuentan que santa Clara sólo vivía para imitarle y añorar su compañía, pero que, Francesco, siempre tan ocupado, apenas la iba a visitar. Y que una de las veces que lo hizo quedaron en una casa situada en una colina. Nadie supo qué hicieron ni de lo que hablaron esa noche, pero todos los que andaban por los alrededores vieron un resplandor y, al acercarse, supieron que lo que ardía era la casa en que Francesco y santa Clara estaban juntos.

Eso debería ser la religión, un mundo de delicadezas, desatinos y misterios. Contemplar esa casa incendiada en la noche, hacernos creer que también a nosotros puede estarnos destinado un lugar así en este mundo. Lo demás es silencio.

Francisco Nieva:  como ateo ilustrado me interesa las religiones

Dramaturgo  2004-09-26-L.R. España


Aunque yo soy ateo, tengo mis dudas, y es ineludible que las tenga por los motivos – esencialmente estéticos– que pienso exponer. Ya dije una vez que: «Bien sabe Dios que soy ateo». En mi familia, en gran parte republicana, las mujeres eran creyentes y los hombres tolerantes con sus mujeres. Se decían católicos de bautismo, pero se confesaban ateos cuando no había otra necesidad, cuando una solución de conciencia lo requería. El ateísmo combatiente lo consideraban de mal gusto.


   ¿Qué rencorosa y desafiante necesidad –o que intereses específicos – impulsa a declararse ateo a los cuatro vientos, como el que se declara por medio de un bando, para suscitar la reacción de muchos enemigos ignorados? Aún es más absurdo convertirse en apóstol del ateísmo. Durante los seis años que duró nuestra república, esos cultos, reflexivos y generosos republicanos de mi familia, no se mostraron jamás anticlericales ni antirreligiosos. Podían morir bien cristianamente –y a la fuerza– pero yo siempre vi en sus ojos que eran ateos y su conciencia estaba en paz. Eran honrados a carta cabal, pero ateos. Que yo no quisiera hacer la primera comunión, les pareció muy natural. No me forzaron lo más mínimo.
   Es curioso que, de joven, yo mirase la Iglesia como un gran espectáculo, que me complacía mucho en sus grandes manifestaciones, de una suntuosa truculencia. Yo era contemplador, por natural designio, del espectáculo de España. El espectáculo de la sociedad española era este: mitras y tricornios, mantillas y abanicos, gorras de «género chico» y chisteras de «alta comedia». Y, en mi inocencia sensorial, me parecía un espectáculo brillante por demás, un carnaval precioso. Y esa misma impresión estética, la pude manifestar después en mi «Teatro Furioso», que tenía un trasfondo de ateísmo. Yo había considerado, desde muy joven, que España era una «zarzuela inevitable». Y tuve la feliz idea –influido por la vanguardia– de dislocar estéticamente ese género, el más popular de mi infancia.


   Cuando un niño, suficientemente receptivo, se educa en un ambiente familiar como aquel, puede dar por resultado un tipo, al que –primero– la idea de Dios no le atormenta en absoluto y –segundo– alguien que mira estéticamente el catolicismo como venero de cultura heredada, de la que prescindir en profundidad es una locura. No puedo prescindir de Miguel Ángel, ni de Borromini, ni de Caravaggio, Y, por supuesto que no puedo prescindir de Cervantes, de San Juan de la Cruz, ni de Baltasar Gracián. Todos «producidos» por la iglesia católica, de la que ellos mismos se nombran adalides. ¡Qué le vamos a hacer! Para amar –y comprender– todo eso, tenemos que volvernos accidentalmente cristianos. Como para leer a Kierkegard o a Unamuno. A un ateo radical y militante, este voluntario viaje de reconocimiento e identificación con nuestros clásicos del arte y la literatura, le debe trastornar un poco. Leer o contemplar con reservas o prejuicios de ese tipo, disminuye el placer estético, equivoca en cierto sentido.
  

 Pongamos un ejemplo: he de sentir curiosidad por la mística, aceptarla íntimamente, como una manifestación trascendental de la conciencia humana, para apreciar estéticamente en su espiritualidad y su forma, la Santa Teresa de Bernini. Tengo que saber muy íntimamente de «qué va la cosa», como es precisamente que me entere ante una bella escultura de Buda. Conocí a dos filósofos franceses –muy «progres»– extraordinariamente interesados por la mística, como Georges Bataille y Roland Barthes. En arte, yo he preferido no equivocarme. Mi iniciación católica –por la fuerza formativa del ambiente– «entiende» estética y religiosamente un cristo de Grunewald, como un santirulico, esbozado al carbón por Matisse. Creo que tengo esa fortuna. Me siento obligado a creer en Dios, leyendo a Pascal. No sólo eso, sino leyendo a Barbey d´Aurevilli o a Claudel, y a tantos escritores católicos modernos que me gustan.
   Y es el caso que, un «anticuario» como yo, enamorado del arte de todas las culturas, cree firmemente «que tenemos que aceptar, buscar en nosotros mismos una idea, una noción de “lo divino” que se acomode a la contemplación admirativa de un templo indú». Mi curiosidad por el arte islámico, animada por la admiración que me suscitaban los poetas arábigo-andaluces, me obligó a leer el Corán con el máximo respeto. Yo, que tanta atracción siento por el budismo, por el libro de Tao, por el teatro «no» japonés, tengo que volverme –por un fenómeno de empatía– un tanto místico oriental. Si estoy gozando de un atardecer en el Generalife, hasta puedo coincidir tangencialmente con el cursi de Villaespesa y con su sentimiento «modernista» del paraíso de Alá, lleno de huríes ondulantes, con cintura de avispa. Estoy interinamente requerido, cortejado y «camelado» estéticamente por Dios.


   Un creyente, me diría que todo está tocado por la mano de Dios. Todo lo importante en el arte y en la cultura lo ha generado un sentimiento religioso. Y es cierto que existen un arte y una literatura que no lo son, y yo respondo a esa postura con extrema comodidad, pero no pocas veces hay que olvidarse de esa convicción para entender en profundidad muchas cosas, animadas por creencias y aun por fanatismos específicos. Dios está ahí, empecinado, no quiere retirarse de la puerta, hay que recibirlo con la obligada cortesía de un ateo bien educado emplea.


ENTREVISTA A LYNN MARGULIS

                 "En EEUU, si no crees en Dios, eres un asesino"


Bióloga. Es una de las principales figuras del evolucionismo mundial y defensora de la simbiogénesis, teoría que explica el mecanismo de la evolución que Darwin no pudo resolver

Publico.es MARTA DEL AMO MADRID 06/12/2009


 

Este año se celebra el 150º aniversario de la publicación de El origen de las especies de Charles Darwin. Sin embargo, el paso del tiempo no ha logrado resolver el debate sobre el origen de la selección natural. Los expertos coinciden en que las especies se forman a través de la evolución, pero, ¿cómo se dirige este proceso? A esa pregunta pretende responder la bióloga evolutiva Lynn Margulis (Chicago, 1938). Esta científica, miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos y de la Academia Rusa de las Ciencias, ha pasado a la historia por su teoría de la simbiogénesis, según la cual, las diferentes especies son fruto de la fusión de cualidades de distintos organismos simbiosis para formar otros nuevos.

 Se cumplen 150 años desde que Darwin publicó su obra. ¿Cuál ha sido el mayor hallazgo en biología evolutiva desde entonces?

La gente habla de selección natural sin saber lo que es. Creen que Darwin dijo que el mecanismo de evolución es la selección natural, pero eso no tiene ningún sentido. Él sabía que hay una fuente de cambios hereditarios, pero no conocía el mecanismo que los genera. Después de Darwin, unos científicos decidieron que esta fuente de cambios era la acumulación de mutaciones al azar, algo que Darwin no dijo y de lo que no se ha encontrado ningún ejemplo. Después de 150 años, se puede decir con certeza que Darwin tenía razón, que existe un proceso de evolución y de selección natural. Esto se ha demostrado gracias a experimentos de bioquímica que no existían en su época. Ahora sabemos que todos los seres vivos tenemos un pasado común y que procedemos de un linaje, pero aún no se ha establecido cuál es la fuente de esa innovación que da lugar a las nuevas especies.

¿Conoce ahora ese mecanismo?

Sí lo sabemos, hay mucha literatura sobre ello, pero está marginada. En 1921, un ruso llamado Boris Mijailovich escribió un libro titulado Simbiogénesis, un nuevo principio de la evolución, pero nadie le hizo caso. Ahora Harvard University Press va a reeditarlo, y para actualizarlo no hemos tenido que hacer nada, ya que no hay nada incorrecto en él. Todo lo que yo he descubierto lo dijo él hace más de 50 años. El pobre murió sin saber que tenía razón.

¿Cómo explicaría, de forma simple, qué es la simbiogénesis?

Tenemos el ejemplo de los líquenes, que es muy clarificador. Son una simbiosis de hongos y algas, una fusión en la que el liquen no tiene ningún parentesco con sus especies de origen. La simbiogénesis forma esas nuevas especies, y la selección natural las escoge y las mantiene. Esta teoría no está en contra de Darwin. La selección natural mantiene, pero no es generadora de cambios. Los que dicen que la evolución se basa en mutaciones al azar se equivocan. También existe una especie de caracoles que ha adquirido genes fotosintéticos. Se alimentan de algas sin digerir nada y en verano se vuelven verdes; no necesitan comer porque realizan la fotosíntesis, una propiedad adquirida de las algas. Cuando acaba el verano, ponen sus huevos y cambian su color a naranja y amarillo hasta que finalmente mueren. Las características de dos organismos diferentes convergen en uno para formar una nueva especie. Sin embargo hay gente muy ignorante que aún así no quiere cambiar su forma de pensar.

¿Se refiere a su colega Richard Dawkins, defensor de la mutación como fuente de cambio?

Bueno, tuvimos un gran debate con estudiantes universitarios en Voces de Oxford, un homenaje a Darwin que duró más de cuatro horas en el que Dawkins no tuvo nada que decir. Defiende que los genes son egoístas, y eso no es cierto, puesto que sólo son trozos de química. Es un gran orador, pero no sabe ni de biología molecular, ni de geología, ni de simbiogénesis, por supuesto. Sólo dice lo mismo una y otra vez, que somos vehículos de nuestros genes, y que estamos enfocados a la replicación genética, pero nadie se puede replicar sin las células.

¿Cree que se establecerá la teoría de la simbiogénesis como fuente evolutiva?

Lo único que sé es que al final nos extinguiremos todos, como le ha pasado al 99,9% de las especies de la Tierra. El destino de la vida es la extinción, esto es selección natural. Las especies tienen un tiempo de vida de unos nueve a once millones de años. En el caso de los humanos sucederá antes, dentro de unos dos millones de años, aunque ya veremos qué pasa cuando nos quedemos sin petróleo y sigamos con este comportamiento tan poco respetuoso con el medio ambiente. La ignorancia profunda va a continuar. Hay demasiada gente en el planeta y seguirá habiendo pobres, y también gente que salga los sábados a emborracharse. Sobre mi teoría, no puedo hacer una predicción. Sólo creo que tendrá más éxito fuera de EEUU, donde la gente opina que si no eres religioso eres un asesino y no puedes hacer nada moral. Tienen esas ideas estúpidas de que si no crees en Dios no puedes hacer nada bien.

¿Qué opina del creacionismo?

No me gusta meterme en ese tema. Alguien me dijo que el 71% de la población de EEUU está en contra de la evolución y piensa que Dios creó la Tierra y las especies hace 6.000 años, y que nada ha cambiado desde entonces. Dicen que saben lo que saben porque Dios está hablando con ellos. Tienen convicciones que no son científicas y yo no trabajo con esa gente. Eso no es ciencia, sino un tipo de ignorancia peligrosa. Por eso en EEUU tenemos el nivel más bajo de ciencia del mundo civilizado.

En España los jóvenes no quieren estudiar ciencia. ¿Qué les diría usted para estimularlos?

Yo creo que hay que seguir la voz interior. A una persona sana le gusta aprender y la ciencia es un modo de educarse y de saber más del mundo. Si estudias para ganar dinero, la ciencia no es una buena forma de hacerlo. Pero la ciencia no es eso, es aprender, estar rodeado de conocimiento y no sé cómo a la gente no le gusta y no siente curiosidad por su mundo. Pero habrá que reunir sólo a aquellos que estén abiertos a la sorpresa. No se puede cambiar a nadie.


 

Rosa Regàs: «En la escuela no tiene que haber religiones»

La ex directora de la Biblioteca Nacional pronuncia hoy en Granada una conferencia a favor del laicismo

26.11.07 -  INÉS GALLASTEGUI

 

La escritora Rosa Regàs (Barcelona, 1933) pronuncia hoy lunes a las 18.30 en el salón de actos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología la conferencia titulada 'Laicismo, fundamento de la igualdad social'. La ex directora de la Biblioteca Nacional viene a Andalucía invitada por la asociación Granada Laica, con motivo de la conmemoración de la Declaración de la ONU contra las discriminaciones fundadas en la religión o las convicciones, el 25 de noviembre de 1981.

-España es un Estado supuestamente aconfesional con multitud de 'tics' confesionales, como la financiación de la Iglesia católica, la enseñanza de la religión... ¿Por qué?

-España lleva veinte siglos de dominio de la Iglesia católica y las personas que defienden que la Iglesia católica tienen que seguir dominando se niegan a adaptarse a un Estado más justo en el que todos tengamos los mismos derechos.

-¿Cuáles son, a su juicio, las medidas urgentes que debería adoptar el Gobierno a favor del laicismo?

-La base de la verdadera igualdad es la escuela pública y laica. Y luego si se quieren dar subvenciones a la Iglesia católica, a la protestante, a la judía o a la musulmana, pues que se den. Cada niño puede tener la religión que quieran sus padres, con todas las facilidades, pero no en la escuela.

-¿Cree que es mejor equiparar a las religiones dando subvenciones a todas o, como hacen otros países, no dando subvenciones a ninguna?

-¿Qué pasa, que ahora tenemos que dar subvenciones a todas las religiones y tener en la escuela una asignatura de cristianismo, otra asignatura de mahometanismo...? No es una buena solución. En la escuela no tiene que haber religiones. Las religiones son creencias y cada cual puede tener las creencias que quiera, pero no son aplicables a todo el mundo. Lo que es aplicable a todo el mundo, universal, son los derechos humanos. Y eso es lo que hay que aprender en la escuela.

-Sin embargo, hay cierta resistencia contra la asignatura de Educación para la Ciudadanía, que tiene esos contenidos universales...

-No había ninguna resistencia cuando durante cuarenta años nos metieron en la cabeza todo lo que quisieron. No sé por qué hay tanta resistencia, porque lo que se enseña en esa asignatura es un asunto de derechos humanos, de respeto a los demás, de convivencia... Es decir, valores cívicos que tienen que saber todos los ciudadanos, independientemente de los valores religiosos que puede tener cada cual, y los debe aprender uno en su sinagoga, en su mezquita o en su parroquia.

-Aparte de la escuela pública y laica, ¿qué otras medidas cree que tendría que adoptar el Estado?

-Yo ya me daría con un canto en los dientes si lográsemos una escuela pública y laica. Se podrían poner en practica muchas más normas. Por ejemplo, la separación total de la Iglesia y el Estado: que las iglesias no pudieran meterse en los asuntos públicos. Y la financiación de la Iglesia es excesiva. El que sea católico, que pague. Pero yo, que no soy católica, ¿por qué tengo que pagar a la Iglesia católica? Y sin embargo lo estoy haciendo

-Recientemente hubo una polémica en Cataluña por la expulsión y posterior readmisión de una escolar musulmana que se negaba a quitarse el velo. ¿Qué opina de este tipo de controversias?

-Opino que si hubiera una escuela pública y laica esta niña no tendría que llevar velo en la escuela, porque no podría haber ningún signo externo de religión. Pero claro, si las monjas, que son las que enseñan en las escuelas concertadas, llevan velo, no veo por qué una niña musulmana no lo puede llevar...

-Muchos datos confirman la pérdida de predicamento de la Iglesia católica en la sociedad española. ¿Por qué entonces tienen tan poco éxito las propuestas laicistas? Ni siquiera los partidos políticos se las toman con especial interés...

-A mí también me extraña muchísimo que después de tantos años de democracia, la iglesia no esté ocupando el lugar que tiene que ocupar, fuera del Estado. Tampoco entiendo por qué los partidos políticos se muestran tan remolones a la hora de adoptar medidas en este sentido.

-¿Por qué los gobiernos de izquierdas en España no se han atrevido nunca a realizar una apuesta decidida por el laicismo?

-La verdad es que es una pregunta que me gustaría hacerles. ¿Por qué no se la hace usted a ellos? Yo no pertenezco a ningún partido, y a lo mejor es precisamente por eso.

-En otros países europeos hay una derecha a favor del laicismo. Aunque ahora sea inimaginable, ¿sería posible en España?

-También me gustaría que tuviéramos una derecha civilizada. Si además tuviéramos una derecha laicista, ¿a lo mejor hasta yo me hacía de derechas...! No, no, lo digo en broma. Estaría muy bien, pero lo veo muy difícil: si ni siquiera es laicista buena parte de la izquierda, ¿cómo lo va a ser la derecha? En España llevamos un lastre de influencia de la Iglesia muy fuerte. Supongo que con los años pasará... poco a poco.

igallastegui@ideal.e

 

Entrevista Richard Leakey : Evolución, Humanismo y Conservación

BY RYAN SHAFFER  29 JUNE 2012

 

Richard Leakey es un paleoantropólogo de fama mundial cuya carrera ha estado marcada por los hallazgos científicos famosos, cargos políticos, y los esfuerzos de conservación. Su familia se desempeña igualmente en el campo de la antropología, comenzando con sus padres, Louis y Mary Leakey, así como su esposa, Meave, y su hija, Louise. Richard originalmente hizo su marca a finales de 1960 y 70 con expediciones que descubrieron Paranthropus boisei, Homo habilis y los cráneos de Homo erectus, así como el descubrimiento del Niño de Turkana en 1984. En 1989 dejó su cargo como director de los Museos Nacionales de Kenia Al recibir una cita del presidente de Kenia Daniel Arap Moi a lo que se convertiría en el Servicio de Vida Silvestre de Kenia. En sus esfuerzos por proteger los parques nacionales y la vida silvestre de Kenia, Leakey atrajo la atención mundial a la difícil situación de los elefantes de África ayudando al presidente Moi a quemar doce toneladas de marfil ($ 3 millones) en el Parque Nacional de Nairobi. En 1993 un pequeño avión que Leakey estaba pilotando se estrelló y sus dos piernas fueron amputadas, y hasta el día de hoy anda con miembros artificiales. Después de su renuncia al KWS, sirvió como secretario general del partido de oposición Keniano Safina y en diciembre de 1997 fue elegido para el parlamento keniata. Dos años más tarde Moi lo nombró jefe de la administración pública de Kenia, donde se le encargó combatir la mala administración y la corrupción dentro del gobierno. Leakey ahora divide su tiempo entre Kenia y Nueva York, donde es presidente del Instituto de Cuenca Turkana en la Universidad Stony Brook.  

En mayo, Leakey hizo los titulares con la predicción de que en diez a quince años el debate de la evolución habrá terminado. Estaba en la ciudad de Nueva York para promover el Instituto Turkana Basin y asistió a un concierto benéfico dado por su amigo Paul Simon. Leakey dijo a los reporteros: "Si llegas a la etapa en que puedes persuadir a la gente sobre la evidencia, que es sólida, que todos somos africanos, que el color es superficial, que las etapas del desarrollo de la cultura son interactivas, entonces creo que tenemos La oportunidad de un mundo que responda mejor a los retos globales ". El pasado otoño, conversé con Leakey sobre sus diversas actividades y su filosofía con respecto a la ciencia y la religión. Además de su trabajo académico y de conservación, Leakey es un humanista que apoya desde hace mucho tiempo asociaciones racionalistas y aboga por enseñar la evolución en las escuelas públicas. Típico de la reputación de Leakey, no se detuvo en sus opiniones y dio una idea de las cuestiones sociales actuales. 


El Humanista: En su autobiografía 1984, Una vida, que explora la influencia de sus padres habían desarrollar su interés por el conocimiento y la ciencia. En un punto usted escribe: "La alegría de buscar fósiles en lugares remotos y difíciles es que siempre hay una fuerte posibilidad de que cada" hallazgo "le diga algo nuevo." ¿Por qué estos descubrimientos son importantes para la sociedad? 

Richard Leakey: Creo que cada vez más nos enfrentamos a un mundo donde hay evidencia de los cambios ambientales dramáticos y consecuentes. Consecuencia de ello son los cambios en la capacidad de supervivencia y la existencia misma de varias especies. Si nos fijamos en la prehistoria y los ancestros de los seres humanos y parientes cercanos -los chimpancés, los monos y los monos- y regresamos incluso a la historia de los elefantes, los rinocerontes y los antílopes, es muy claro que aunque la evolución se debe al clima Cambio, el gran efecto del cambio climático es de hecho el número de especies que se extinguen.

Al entender la relación entre la extinción y el cambio climático al mirar los ambientes antiguos y recuperar el material de ellos, creo que podemos tener una mejor idea de que este cambio climático no es meramente de interés para el lado comercial del desarrollo petrolero, Lado de mantener a los manifestantes fuera de la calle en cuestiones verdes. Es realmente un asunto de planificación estratégica a largo plazo para cómo el mundo se va a alimentar a sí mismo a través de agencias gubernamentales y no gubernamentales.

 

El Humanista: ¿Por qué es tan importante para las personas, no sólo los científicos, para aprender acerca de la evolución?

Leakey: ¿Qué nos hace diferente de cualquier otro organismo vivo que somos conscientes de en este planeta es que tenemos la capacidad de pensar. Sabemos que existimos. Sabemos que no existimos en una etapa. Sabemos que no existiremos después de un cierto punto en el tiempo. Al entender y obtener respuestas a las preguntas, creo que podemos ser un grupo mucho más unificado y cohesionado. Mientras que las creencias proporcionan respuestas para algunas personas, son más bien como cuentos de hadas. Ellos están culturalmente influenciados y tienen muy poco poder de permanencia. Aunque las personas podrían argumentar que el cristianismo ha sido de alrededor de un par de miles de años, y el Islam y el budismo para probablemente una cantidad igual de tiempo, el Homo sapiens ha sido de alrededor de 200.000 años. Así que es una cantidad microscópica de tiempo que hemos sido afectados por la religión. Dos y dos que hacen cuatro, o la edición de la gravedad que nos mantiene en el planeta y que afecta la manera que los árboles crecen y consiguen la luz del sol - estos fenómenos científicos han estado alrededor para siempre. Creo que los principios o los procesos que nos han llevado a ser lo que somos pueden entenderse en los mismos términos. No es una cuestión de gusto o fe. Debemos tener una explicación científica de por qué estamos aquí, cómo surgió, qué llevó a nuestra habilidad para caminar, hacer cosas con nuestras manos y desarrollar tecnología. Debemos ser capaces de explicar científicamente lo que nos da la capacidad de influir entre nosotros y nuestro planeta. Creo que la mente humana siempre ha buscado respuestas. Las respuestas basadas en la fe simplemente ya no son adecuadas para la mayoría de nuestra especie. 

El Humanista: Con Richard Dawkins que hemos discutido los problemas asociados con la enseñanza de la evolución en Kenia. ¿Cómo se compara la oposición a la evolución en Kenia con los Estados Unidos?

Leakey: En Kenia que tiene una población mucho menor. Menos de 20 millones de 40 millones, o digamos menos de dos tercios, asisten a la escuela de alguna forma. Así que un número muy pequeño es educado, y en un país pequeño dependemos mucho de aquellos que son educados para tomar posiciones. Si la mayoría de las escuelas están enseñando a los estudiantes que la evolución -el cambio de formas de vida a través del tiempo- es puramente ficticia, que no hay una base científica en la que podamos entender la vida, ¿cómo vamos a producir médicos que puedan mirar a los patógenos? ¿Cómo vamos a producir agricultores que comprendan que el uso indebido de plaguicidas puede crear nuevas cepas de enfermedades? ¿Cómo vamos a ver las nuevas enfermedades y pandemias que resultan del mal uso de los antibióticos? ¿Cómo esperamos que los jóvenes salgan a estudiar por qué la tuberculosis se está volviendo resistente a los medicamentos? No podemos permitirnos, como nación, tener a la mayoría de nuestros jóvenes en la universidad y más allá simplemente rechazando la ciencia. En Kenia, la religión se usa para sugerir que Dios o dioses son tan poderosos que no necesitamos ciencia; Que el destino de Kenia y el destino de los individuos están en manos de Dios. En los Estados Unidos, con su población mucho más numerosa, su enorme variedad de oportunidades educativas y su tradición de diversidad, los extremos probablemente tendrán menos influencia en la absorción de las mentes jóvenes en la ciencia de lo que se vería en un país pequeño. 

El Humanista: En los Estados Unidos existen grandes organizaciones como Respuestas en Génesis, que construyó el Museo de la Creación, que contrarrestan activamente la enseñanza de la evolución. ¿Hay organizaciones equivalentes en Kenia?

Leakey: Afortunadamente no. No tenemos recursos para producir exposiciones de calidad que perpetúen mentiras. 

El Humanista: ¿De qué manera los científicos y educadores africanos responden al creacionismo? ¿Existe un equivalente en Kenia al Centro Nacional de Educación en Ciencias, por ejemplo?

Leakey: No, no hay una respuesta organizada a la misma. Creo que la mayoría de las personas que enseñan en la escuela son racionalistas del closet. Tienen familiares y familiares que están totalmente comprometidos con un estilo de vida basado en la fe. La realidad es que si usted se destaca y dice que no cree en toda su trampa, que está basando su vida en bases científicas, sufrirá como un marginado social. Por lo tanto, hay relativamente poco que se hace para contrarrestar y contrapesar la programación semanal del domingo (o más frecuente) para producir personas de mente estrecha, basadas en la fe que esperan que sus problemas sean resueltos por el llamado Todopoderoso. 

El Humanista: Cuando los creacionistas niegan la evolución que, en muchos casos, ignoran la evidencia fósil. ¿Cómo describiría la cantidad de trabajo que los científicos hacen en la investigación para una expedición, describiendo y categorizando un hallazgo? ¿Cómo le dirías a un creacionista sobre eso?

Leakey: El punto más importante es el que Charles Darwin y otros de su época hechos, lo cual era decir: mira, hemos fosilizado restos de cosas que estaban viviendo con claridad al mismo tiempo. Están incrustados en estratos geológicos tales que, bajo las leyes de la sucesión temporal, los que están en la parte inferior serán más antiguos que los que están en la parte superior. Por lo tanto, si usted mira los restos de los estratos más bajos a los estratos superiores en un lugar dado y hay un tiempo suficientemente largo representado, usted ve las cosas cambian. A medida que se acercan al presente, ven cosas que son más parecidas a las que viven hoy en día, no sólo a los seres humanos, sino a todas las formas de vida. Los fósiles y la geología son factuales, no teóricos. Puedes sentirlos, medirlos y entregarlos el uno al otro. Ahora podemos fechar las secciones y saber cuándo sucedieron estas cosas. Lo que hizo Darwin fue sugerir el proceso en el que ocurrió este cambio. Ciertamente en el Génesis no hay evidencia de que Dios pasó por muchas épocas de probar nuevos experimentos que luego borró para intentarlo de nuevo. Darwin acuñó la idea de la selección natural para explicar el mecanismo de cambio y llamó a esa evolución. Usted puede decir que la evolución es por lo tanto una teoría. Pero es una teoría que explica muchos hechos. En otras palabras, no hace que los hechos sean inexistentes. Muchas personas se olvidan de la evidencia de que la vida ha cambiado a través del tiempo es tan sólida y tan definida como cualquier cosa en la ciencia. ¿Por qué, más de 50 millones de años, un elefante ancestral con cuatro colmillos incisivos se convirtió en una serie de especies de grandes elefantes con dos colmillos? ¿Por qué en algún momento encontramos jirafas con cuello largo cuando sus antepasados ​​tenían cuellos cortos? Lo que llevó a estos cambios está abierto a la explicación teórica, pero que han cambiado es un hecho. Que el cambio no se aborda en el Génesis es un hecho. Del mismo modo, Génesis no se ocupa de la gravedad. No trata el hecho de que podemos transmitir mensajes a través del aire y el ciberespacio, o fibra óptica. Es totalmente patético, en mi opinión, que en el siglo XXI las personas educadas todavía tienen necesidad de lidiar con los cuentos de hadas. 

El Humanista: En particular, usted es el nieto de misioneros cristianos. ¿Cómo llegaste a ser un ateo?

Leakey: Hay un concepto común que no elegimos a nuestros padres y ciertamente no elegimos nuestros abuelos. Nunca conocí a mis abuelos, pero claramente cuando eran jóvenes la idea de la evolución estaba apenas en las primeras etapas de ser discutido. Había mucha gente en Gran Bretaña que sentía que la obra de Dios, difundir el Evangelio, era necesaria para una vida de compasión y de preocupación. Ellos sentían que parte de la obra de Dios era dar a las personas que vivían en África la palabra de Dios para que pudieran ser salvos. Creo que había un compromiso celoso y sincero de salir y hacer estas cosas. Lo que me parece extraordinario es que muchas de las conquistas europeas de tierras extranjeras para difundir el Evangelio implicaron matanzas masivas y destrucción de civilizaciones. La matanza de mujeres, niños y hombres inocentes, fuera de combate para asumir la tierra y establecer autoridad para hacer que estas personas vayan a la escuela y aprendan la palabra de Dios parece ser una contradicción. Como dijo el primer presidente de Kenia, para que los cristianos pudieran entrar en Kenia y difundir la palabra, tuvieron que romper varios de los Diez Mandamientos antes de bajarse de los barcos. 

El Humanista: ¿Es el ateísmo se vincula a su fondo en la ciencia? ¿Alguna vez fuiste religioso?

Leakey: No, nunca he sido religioso en absoluto. La lectura de las escrituras era obligatoria en mi niñez pero también he creído siempre que usted debe saber lo que usted no cree. No me importa ser llamado ateo, pero creo que el término es muy específico y te enfoca en la pregunta "G". Creo que hay mucho más que eso. No necesito ningún sentido de un lugar final o retiro final, o alguien fuera de mí para ayudarme. Soy un racionalista en ese sentido. Me gusta entender por qué suceden las cosas. Si entiendo por qué suceden las cosas, entonces puedo intentar intervenir para asegurar que el curso del acontecimiento esté influenciado por cuestiones sociales. Ciertamente usted no puede ser un racionalista en el sentido estricto de la palabra y no ser un ateo. Yo diría que soy un racionalista y un humanista, en términos de tener principios y una filosofía de vida que no requiere ningún punto para una entidad sobrenatural que finalmente controla el resultado de mi vida o de cualquier otra persona. 

El Humanista: Usted ha enfrentado la posibilidad de muerte varias veces en su vida: fracturar su cráneo, expediciones arriesgadas, un riñón fallado, y el accidente de avión. ¿El temor a la muerte ha sacudido tu racionalismo? ¿Alguna vez ha tenido un punto en el que pensó que podría haber creído en un ser supremo?

Leakey: No. Creo que uno podría casi decir esas raspaduras con la muerte reafirmó mi convicción de que no había un Dios. Es cierto que probablemente tuve lo que ellos llaman una "experiencia cercana a la muerte", donde se siente como si hubiera dejado su cuerpo. Puedo recordar entrar claramente en un estado consciente donde nunca había estado antes. La respuesta es que mi suministro de oxígeno fue interrumpido porque mis pulmones estaban dañados, y el sistema de sinapsis en el cerebro y todo lo demás continuaba sólo se cerraba. Hubo un momento en que, si hubiera estado buscando ángeles, trompetas, vírgenes y cosas por el estilo, los habría visto. En retrospectiva me quedé intrigado por lo que me estaba sucediendo porque nunca me había sentido levitando y viendo un cuerpo que yo sabía que era mío, y escuchar el hablar, pero no estar allí. Este tipo de experiencia fuera del cuerpo es muy común y es una experiencia muy real. He pasado por ello dos veces, una vez más vívidamente que el otro, pero en ninguno de los dos casos Dios estaba involucrado. No había música dulce, ni "vienen a la puerta", o "desde que hiciste esto en ese momento, vas a ir a la izquierda en lugar de a la derecha." Absolutamente no. Fue un analgésico muy fuerte para limitar la cantidad de dolor cuando el sistema se cerró. Cuando los médicos me revivieron me di cuenta de que estaba vivo de nuevo porque podía sentir el dolor de mis lacerados pulmones. Usted puede ver por qué la gente fácilmente podría creer en una vida mejor cuando aquellos que han tenido experiencias fuera del cuerpo (y deben regresar dos o tres mil años, si no bien antes) dicen: "Vi a Dios, oí Los ángeles canalizaban para mí, yo estaba en un lugar encantador ", pero ese lugar encantador es puramente el cierre del cerebro. 

El Humanista: Después del accidente aéreo de 1993, el presidente Moi le dijo que iba a orar por usted, y su reacción lo sorprendió. ¿Qué dijiste?

Leakey: Bueno, yo había estado tratando de hacerle firmar una orden presidencial que había redactado para dar el Kenya Wildlife Service el derecho legal de contratar a personas con salarios que fueron vinculadas al sector privado, en lugar del sector gobierno. Yo estaba buscando atraer a gente buena para trabajar para la organización, y requirió el consentimiento presidencial para hacer esto. Había estado sentado en mi petición durante varios meses y sólo pasó a ser que es lo que pensé cuando él parecía tan agradables para agradar. A pesar de que estaba bastante enfermo, lo primero que me vino a la mente fue, ahora te tengo delante de mí por qué no te pido que hagas esto. Teniendo en cuenta mi condición y dado que era un hombre muy religioso, creo que sentía que lo rechazaba de una manera un tanto grosera en presencia de enfermeras y su séquito cuando le dije: "No necesito oraciones. No ores por mí, pero por favor firme esa hoja de papel. 

El Humanista: Usted firmó el Consejo de manifiesto humanista de Humanismo secular de 2000. ¿Qué significa el humanismo para usted?

Leakey: Para mí es un reconocimiento a las personas que no creen en una deidad, sino que creen que debemos manejar nuestros asuntos sobre la base de lo que somos como especie y nuestra posición en este planeta. Como dije antes, el ateísmo tiende a tener una connotación algo peyorativa en la discusión. Si no crees en un dios, entonces debes ser bárbaro, no debes tener moral, y así sucesivamente. Creo que los humanistas somos perfectamente conscientes de la necesidad de no apuñalar a alguien que nos irrita, de no correr a alguien porque están en medio del camino, y de no decir mentiras para que podamos beneficiarnos. Creo en la honestidad, la integridad, la compasión, el amor y el cuidado de los demás en el mundo. Es un enfoque racionalista de la vida que no está dictado por un super poder o super-ser, o una deidad o un místico. Está dictado por nuestro sentido común, y para etiquetar eso como el humanismo ha ayudado a mucha gente. Si usted dice que es un humanista no levanta inmediatamente los pelos en la parte posterior del cuello de los fanáticos en la religión. No creo que sea una fuga. Aún así, no digo "soy un humanista, aquí estoy". No creo que lo necesite, pero si me piden que elija una etiqueta diría humanista y racionalista. 

Los Humanistas: Humanista organizaciones tienden a ser bastante pequeña. ¿Cómo pueden los humanistas expresar mejor su mensaje?

Leakey: Ni siquiera estoy seguro de humanistas necesita para expresar su mensaje. No tenemos que persuadir a nadie para que sea un humanista. Cuando los irracionalistas, en oposición a los racionalistas, comienzan a sugerir que los niños no deben estar expuestos a la ciencia, a la biología, y la idea de que la vida ha cambiado, y en cambio promueven la versión bíblica de cómo llegamos a existir, fuera. Se puede reconocer que hay una diferencia de opinión, reconocer que la gente no le gusta la idea de la evolución como una teoría, pero por la misma razón que tienen que aceptar que la vida ha cambiado. Su versión no se puede probar, nuestra versión puede. Así que no sé si queremos convertir a la gente al humanismo y al racionalismo. Quiero simplemente asegurarme de que la gente tenga una idea de la realidad y tome decisiones sobre las consecuencias de la realidad, en lugar de la esperanza o la oración que al final del día se cuidarán de todos modos. 

El Humanista: ¿Tiene que hacer el humanismo una filosofía más defensiva si humanistas y racionalistas están saliendo en reacción a lo que los fanáticos religiosos están haciendo?

Leakey: No. Yo sé Richard Dawkins es a menudo acusado de ser bastante extremista cuando se presenta el caso por no creer en un dios, pero creo que una gran cantidad de personas han reaccionado a su estridencia diciendo que está casi haciendo su posición religiosa. Personalmente, no puedo hablar por otros humanistas y racionalistas. Si la gente quiere enseñar a los niños sobre la filosofía cristiana, la base de esa fe y sus orígenes como parte de la historia o estudios religiosos, no tengo ningún problema. Creo que los niños deben estar expuestos a los fenómenos de la fe. Y si quieren ir a clases bíblicas y quieren convertirse en cristianos, bien. Pero también deberían reconocer que algunos de nosotros no queremos hacer eso. No me importa lo religioso que seas, siempre y cuando me dejes solo. 

El Humanista: Me gustaría dar vuelta a su trabajo de conservación. En su libro más reciente, Wildlife Wars, usted discute siendo nombrado director de lo que se convirtió en el Kenya Wildlife Service. El libro se cierra con usted regresando brevemente como director. ¿Cómo ha afectado la inquietud civil en los últimos años la conservación de los parques nacionales y la vida silvestre?

Leakey: Una gran cantidad de recursos que podrían haber sido utilizados para promover la conservación se han dirigido más a la seguridad interna. En otro nivel, los enfrentamientos étnicos y los disturbios y la preocupación por ellos ha llevado a una desaceleración económica en el país, lo cual es muy preocupante. Hay aumentos asombrosos en el número de personas que están desempleadas y que nunca obtendrán trabajos. Las personas que están desesperadas porque no tienen dinero para comprar alimentos son inevitablemente personas que, si hay algo que pueden conseguir en sus manos sin tener que pagar por ello, lo hará. La caza furtiva de carne ha aumentado. Eso ha tenido un gran impacto en la conservación. 

 

El Humanista: También hemos hablado de la corrupción en el gobierno y los parques nacionales, que se alimenta en la caza furtiva y el comercio de carne de marfil. ¿Cómo ha cambiado esto en los últimos años?

Leakey: Marfil, una vez más tiene un muy, muy alto valor. La gente está tentada de poner sus manos en el marfil para venderlo en el mercado negro. Cuando tienes altos costos para que los niños vayan a la escuela y por los honorarios médicos, la tentación de unirse a un grupo que te pagará por matar elefantes es muy real. Pero si bien es la pobreza la que impulsa la caza furtiva, es la codicia del comprador, la demanda inicial, la que está impulsando el crecimiento de la oferta.

 

El Humanista: ¿Qué está haciendo el gobierno para hacer frente a la pobreza para asegurarse de que la gente no escalfar los elefantes y otros animales?

Leakey: El plan de 2030 es que todos tengan un ingreso, que vamos a alimentarnos y la agricultura suficiente de exportación, tienen suficiente energía, tienen una gran cantidad de comercio con otras partes de África, y que existirá algún tipo de red de seguridad para los más pobres. Pero el plan para llegar allí y la integración de los diferentes sectores de la economía es muy casual. Lamentablemente, creo que tenemos un liderazgo muy pobre a nivel político. Uno podría decir que es casi tan malo como los Estados Unidos, donde usted tiene tanto atasco que nada se hace. Es un enfoque muy miope y bastante estúpido de los asuntos del mundo en este momento en que la población humana está creciendo tan rápidamente y los desafíos económicos de Oriente y Occidente, en sentido estricto, son tan diferentes de lo que eran hace apenas quince años.

 

El Humanista: Usted ha estado activo en la política de Kenia durante varias décadas, incluyendo el servicio como un miembro del parlamento. ¿Cómo ha cambiado la política desde que el presidente Kenyatta y el gobierno de partido único del presidente Moi? ¿Las cosas han mejorado?

Leakey: En un sentido, ellos han mejorado mucho. Tenemos una nueva constitución, que todavía se promulga en términos de la preparación de las disposiciones legislativas para la constitución que se ejerce. Tenemos mejoras sustanciales en las libertades básicas. Nuestra prensa es gratuita sin interferencia del gobierno. Tenemos el derecho de decir lo que queremos, de reunir donde queremos, de demostrar si queremos, el derecho de criticar, que está todo protegido por nuestra nueva constitución. Hay un grupo de jóvenes de ingresos medios muy vibrante que están utilizando los medios sociales para aumentar la presión para abordar ciertos temas. Ha habido enormes ventajas como resultado de la constitución en todo el lugar.

Así que la tendencia general en el gobierno de Kenia es positiva, pero la corrupción definitivamente existe y continuará existiendo por algún tiempo. Tenemos una de las naciones económicas más fuertes de África. Con la mayoría de los países africanos en busca de ayuda de la zona europea, la zona china y otras zonas, el comercio africano sigue siendo bastante pequeño y eso es la debilidad del futuro.

 

El Humanista: Y ¿qué pasa con la división política basada en criterios étnicos?

Leakey: Creo que las líneas son hoy más fuerte que he visto en mi vida. Pienso que es porque hay mucha más gente sin trabajos y hay una tendencia, si usted está en una posición para emplear a gente, mirar a su propio grupo dentro de la nación. Hay muy poca confianza en la posibilidad de justicia natural y equidad en una nación donde tienes tribus que tienen una situación económica bastante buena, en términos de potencial para crecer las cosas y el acceso a los puertos marítimos, y otros que están en la periferia. El crecimiento de la población es tal que más personas están cayendo en la trampa de la pobreza, y esto puede ser exasperado por los políticos que utilizan el argumento tribal: "No estamos recibiendo los puestos de trabajo porque estamos en esta área".

 

El Humanista: Última pregunta: ¿Tiene algún consejo para los aspirantes a los científicos?

Leakey: El consejo que daría es que debido a que el mundo tiene tantos desafíos que vienen en torno al cambio climático y la escasez de los recursos naturales-desafíos relacionados con patógenos y microorganismos en cuanto a la producción de cultivos, producción animal y la salud humana-que una carrera En la ciencia es una de las mejores opciones que puede ir para hoy. Necesitamos a esas personas que pueden ser entrenadas para encontrar maneras de evitar lo que de otra manera va a ser una espiral descendente en un estilo de vida muy pobre.

 

Ryan Shaffer es un historiador y escritor. Actualmente es doctor en el Departamento de Historia de la Stony Brook University.   Publicado en el Humanista julio / agosto de 2012